Los nombres de Estambul

“¡Oh Estambul! De todos los nombres que aún me fascinan,
este sigue siendo el más mágico.”

Pierre Loti, Constantinopla, fin de siglo.

A petición de un querido lector vamos a hacer un breve repaso por los nombres que ha tenido Estambul a lo largo de la historia. Ahora que el posmodernismo parece haber resucitado la vieja máxima según la cual “lo que no se nombra no existe”, la profusión de nombres de la ciudad del Bósforo: Bizancio, Constantinopla, Estambul, Tsarigrad, Miklagard… caso único en el mundo de la toponimia, parece asegurar (por si alguien lo dudaba) la existencia obstinada de esta vieja ciudad a través de los siglos, y de paso también su indiscutible trascendencia en la historia de la humanidad.

BIZANCIO

Cuenta la leyenda que un griego, Bizas el Megariota, hijo del rey Nisos, fundó en el s.VII a.C a orillas del Bósforo y el Cuerno de Oro una colonia que en su honor se llamó Byzantion. Los historiadores y los filólogos han llegado a la conclusión de que Bizas no es un nombre griego sino tracio, o como mucho ilirio. Esto significaría que los colonos griegos de la ciudad de Megara simplemente habrían hecho suyo el nombre de una población anterior. En lo que están todos de acuerdo es en que este primer topónimo derivaba de un antropónimo, es decir, de un nombre de persona. De modo que el tal Bizas bien pudo ser una persona real, aunque no fuese ni griego ni hijo de rey. El origen último del nombre Bizas estaría en la raíz protoindoeuropea *bʰuHgos que significaba “macho cabrío”, “ciervo”, o más genéricamente “mamífero cuadrúpedo macho”.

Como curiosidad cabe recordar que en las fuentes griegas clásicas había otras dos ciudades con el nombre de Bizancio, una en Libia y otra en la costa occidental de la lejana India.

Moneda del s.III acuñada en Bizancio

El nombre de Bizancio no murió con la refundación de la ciudad por parte de Constantino. Se siguió utilizando para referirse a una ciudad cuyos habitantes fueron denominados durante mucho tiempo “bizantinos”, y que dio nombre también a una moneda muy utilizada en Europa occidental, el besante.

Hoy parece que Bizancio, esa palabra “mágica y picante” como la calificó John Romer en el fantástico documental The Lost Empire, sólo acude a nuestros labios cuando queremos desdeñar una discusión por “baldía, intempestiva o demasiado sutil”, que es la definición que da el DRAE para “discusión bizantina”. Algo que el viejo Bizas probablemente jamás se habría imaginado.

AUGUSTA ANTONINA

En el siglo III, el emperador Septimio Severo, tras reconstruir la ya vetusta ciudad de Bizancio (que previamente él mismo había destruido, todo sea dicho) decidió rebautizarla como Augusta Antonina en honor a su hijo Marco Aurelio Severo Augusto Antonino, el futuro emperador Caracalla. Sin embargo esta denominación no duró mucho tiempo ni llegó a ser en absoluto popular.

NUEVA ROMA

Constantino el Grande refunda la ciudad en el año 330 y hace de ella su nueva capital con la voluntad de equipararla a la antigua. En esta época se emplearon distintos nombres como Deutera Rōmē (Segunda Roma en griego), Byzantiás Rōmē (Roma Bizantina), Alma Roma (Roma Fértil en latín), así como Nea Rōmē y Nova Roma (Nueva Roma, en griego y en latín respectivamente), aunque probablemente durante un tiempo Bizancio siguió siendo el nombre más popular.

El nombre de Nueva Roma quedó consagrado en el tercer canon del I Concilio de Constantinopla, en 381, en el que se afirma que

El obispo de Constantinopla, sin embargo, tendrá la prerrogativa de honor después del Obispo de Roma, porque Constantinopla es la Nueva Roma.

La identificación de Constantinopla con Roma y el Imperio Romano llegó a ser tal que más tarde se generalizaron otras denominaciones como en árabe Rūmiyyat al-kubra (Gran Ciudad de los romanos), o en persa y urdu Takht-e Rum (Trono de los romanos). Incluso en las inscripciones de Orjón, primeros textos túrquicos, se menciona a los bizantinos como provenientes de Purum.

El nombre sigue en uso en el título oficial del Patriarca de Constantinopla: Su Suma y Divina Santidad Arzobispo de Constantinopla Nueva Roma y Patriarca Ecuménico; y aparece también en la denominación oficial de la minoría helenófona turca, los rum.

CONSTANTINOPLA

Pero el nombre más empleado ya desde el siglo IV fue Konstantinoúpolis, literalmente “la ciudad de Constantino”. La costumbre de dar a las ciudades el nombre de sus dirigentes es antigua y continúa hasta hoy en día, pensemos si no en ciudades como Washington o Leningrado.

De hecho otros dos lugares llevaron el nombre de Constantino el Grande aparte de la ciudad del Bósforo: un castillo en Isauria y la ciudad de Salamis en Chipre.

El nombre se adaptó como Konstandinj Grad en búlgaro antiguo, y Konstandnowpolis en armenio. En la mayoría de las lenguas europeas, sin embargo, proviene de la forma latina Constantinopolis, incluida la Constantinopla castellana y la Constantinoble catalana. Por si a alguien le parecen formas muy extrañas recordemos otras evoluciones de la forma -polis en distintas lenguas y periodos: Nablus (< Neapolis, y en castellano tradicionalmente Naplusa), Gelibolu (< Kallipolis), Antibes (< Antipolis), Grenoble (< Gratianopolis), etc.

En árabe se adaptó como Konstantiniyye “lugar de Constantino”, forma asumida también por los otomanos y nombre oficial de la ciudad hasta el s.XX, aunque su uso no fuera muy frecuente.

Cartel de Estambul como Konstantinoupolis en Kavala, Grecia

Las formas derivadas de Constantinopolis fueron las usuales en la mayoría de las lenguas europeas hasta bien entrado el siglo XX, y en Grecia sigue siendo la forma más utilizada.

Sin embargo, parece ser que siempre fue bastante habitual referirse a Constantinopla simplemente como La Ciudad. De la misma forma que muchos romanos se referían a su ciudad simplemente como Urbs, en el caso de Constantinopla era Polis. Los chinos adoptaron esta forma y, por metonimia, denominaban Fulin a todo el Imperio Bizantino. La forma sigue siendo muy frecuente en griego moderno, y en armenio, Bolis.

ESTAMBUL 

De esa denominación de Constantinopla como la Ciudad o Polis por antonomasia parece que proviene el nombre de Estambul. Ya en el s. X el geógrafo árabe Al-Masudi observa que los griegos no llaman a su ciudad Constantinopla sino simplemente Polin (polis en acusativo), y que cuando quieren enfatizar que se trata de la capital del imperio “debido a su grandeza la llaman Stan polin“. Esta expresión parece provenir de las formas griegas eis tēn polin o stēn poli, que significan “a la ciudad” o “en la ciudad”.

La expresión la atestan otros geógrafos del siglo XIII, como el árabe Yaqut, o el armenio Vardan, quien escribe que “el rey Heraclio se apoderó del trozo de la Vera Cruz que estaba en manos de los persas y lo llevó a Esdampol“.

A principios del s.XV el viajero bávaro Johann Schlitberger observa que “los griegos llaman a Constantinopla Istimboli, y los turcos la llaman Stambol“.

De la misma época es la primera atestación en español, de Ruy González de Clavijo, que afirma en su “Embajada a Tamerlán” que “los Griegos no llaman a Constantinopla como nos la llamamos, sino Escomboli“. Y un siglo y medio más tarde, el cautivo Diego Galán afirma que Constantinopla es “llamada por otro nombre Estambul, que quiere decir ‘lugar ancho’, porque comienzan los barrios desde los muros de la ciudad”

Señal que marca el límite de la provincia de Estambul

De todas formas hay que hacer notar que muchos geógrafos y viajeros durante el periodo otomano coinciden en limitar el uso de esta forma (escrita generalmente Stamboul) sólo a la península histórica. Estambul sería para ellos sólo una parte de Constantinopla, junto con Eyüp, Üsküdar, y Pera /Gálata.

La forma Istanbul derivada de stēn poli siguió siendo la más popular durante todo el periodo otomano, aunque al parecer contendió con otra Islambol, surgida de la etimología popular, que se podría traducir un poco libremente como “lugar donde abunda el Islam”, y que conoció cierto uso oficial. La denominación Istanbul sólo se convirtió en oficial con la promulgación de la Ley del Servicio Postal en marzo de 1930. A partir de ese momento se dejaron de entregar en Turquía paquetes o cartas dirigidas “a Constantinopla”, lo cual contribuyó a la generalización de la forma en otros idiomas. Actualmente los que emplean el alfabeto latino presentan mínimas variantes gráficas: Stambuł en polaco, Istambul en portugués, Isztambul en húngaro, Istanboel en neerlandés, Stambolli en albanés, etc.

Los judíos sefardíes naturales de la ciudad la llaman en su lengua Estambol. Y aunque sea como curiosidad hay que recordar que en turco se escribe İstanbul con una <İ> mayúscula con punto, que se distingue de la <I> sin punto.

TSARIGRAD 

En el mundo eslavo la denominación tradicional de la ciudad de Estambul era Tsarigrad. Esta forma se empezó a utilizar en antiguo eslavo eclesiástico y significa literalmente “la ciudad del Emperador (zar)”.

Estación de la avenida de Tsarigrad en el metro de Sofía

El término ha caído en desuso en la mayoría de las lenguas en beneficio de la forma Istanbul, incluido en rumano, donde había sido adaptado como Ţarigrad. A lo sumo se sigue empleando en contextos históricos.

Tan sólo en esloveno la forma Carigrad sigue teniendo plena vigencia. En búlgaro se encuentra fosilizada en ciertos refranes y frases hechas, así como en algún que otro topónimo, como la Tsarigradsko shose, la avenida de Estambul, una de las arterias principales de la ciudad de Sofía.

MIKLAGARD

Los vikingos tuvieron contactos con Bizancio desde el s.IX. Hasta por lo menos el s.XII el elemento nórdico fue muy importante en la capital bizantina gracias a los varegos, la guardia personal del ejército bizantino, formada principalmente por hombres reclutados en Escandinavia. Para todos estos pueblos Constantinopla se llamaba Miklagard, “ciudad grande”, tal y como aparece, por ejemplo, en la Saga de Eric el viajero, compuesta en el s.XIV, que narra la aventura de un noruego que viaja hasta Miklagard, y más al este.

Modernamente el nombre pervive en islandés Mikligarður y el feroés Miklagarður.

FURUK

En la poesía árabe clásica aparece con bastante frecuencia el nombre de Furuk, que probablemente significa “lugar entre dos continentes”. Lo utiliza por vez primera el poeta del s.IX Abu Tammam, pero se siguió empleando, aunque fuese esporádicamente, hasta el s.XIX.

SOBRENOMBRES

A lo largo de la historia se han utilizado multitud de denominaciones para Estambul que podríamos calificar de epítetos literarios, títulos honoríficos o variaciones estilísticas, algunas de las cuales gozaron de un estatus “oficial” en determinados momentos y contextos.

Ya en el s.IV era común que los rétores usaran expresiones como Ombligo del Mundo (ómphalos tēs gēs) y Ojo del Universo (ofthalmos tēs oikoumenēs) para referirse a la capital. Posteriormente se generalizaron otros como Ciudad Imperial (basileousa polis), muy utilizada por Procopio y sobre todo Ciudad de la Madre de Dios (Theotokopolis), debido a la gran veneración que se profesaba por la figura de la Virgen y la creencia en que protegía a la ciudad de todos los males, algo que también dio origen a otro epíteto frecuente, Ciudad Protegida por Dios (theophylaktos polis), que lo fue también en época otomana, La Bien Protegida (al-mahmiyya).

Otras denominaciones posteriores y relativamente recurrentes fueron Reina de las Ciudades, utilizada a lo largo de todo el periodo bizantino, Ojo y Corazón de la Tierra (empleada por Miguel Psellos), Nueva Jerusalén (bastante frecuente en el siglo XII), y Teatro del Universo (utilizada por muchos autores, como Metochites o Grégoras).

En época otomana este tipo de denominaciones fueron también muy frecuentes, y en ocasiones las únicas empleadas por las autoridades. Es el caso de la Puerta de la Felicidad (dersaadet), la Casa del Estado (asithane), o el Refugio del Mundo. Otras denominaciones como la Sublime Puerta (bab-ı ali) se referían a lugares físicos del complejo palaciego de Topkapı y se empleaban como metonimia de la ciudad, pero sobre todo de la administración otomana. En el mundo persa era común, al margen de Konstantiniyye, el uso de Kayser-i Zemin, literalmente “el lugar del César”. Modernamente parece tener bastante predicamento la Ciudad del Bósforo.

También ha habido en algunos momentos sobrenombres que podríamos calificar de despectivos, aunque su popularidad fuese efímera. El más antiguo de los que he recogido es Hija de Edom, que figura en algunas versiones del Libro de Alboraique, un libelo antisemita muy difundido en los sgs. XV y XVI, aunque no está claro que sea un término despectivo, y tal vez pudiera significar sin más “hija de Roma”.

Turcópolis se emplea como término despectivo en un lamento cretense anónimo sobre la caída de la ciudad, un término relacionado con el que acuñó siglos más tarde un miembro de la familia Ypsilanti, Barbarópolis, que se puso efímeramente de moda entre algunos griegos fanariotas durante la independencia de Grecia.

Finalmente durante la ocupación de Constantinopla, al finalizar la Primera Guerra Mundial, la prensa francesa hablaba con relativa frecuencia de Constantinobraltar, expresando su temor de que la ciudad se convirtiera en un nuevo Gibraltar en manos de los británicos.

Y no quiero terminar sin recordar el capítulo que el viajero otomano del s.XVII, Evliya Çelebi, dedica a los nombres de Estambul. Sin duda era consciente de que algunas lenguas tenían nombres diferentes para su ciudad natal, pero como muchos otros pasajes de su obra, el contenido es bastante fantasioso:

Estambul tiene distintos nombres en las distintas lenguas. El nombre original de la ciudadela de Estambul es en lengua latina “Macedonia”. Más tarde, cuando Yanko la construyó se llamó “Yankoviçe” en lengua siriaca. Más tarde, cuando Alejandro llevó a cabo en ella construcciones, se llamó, en lengua hebrea, “Alejandría”. En serbio “Pozanta”, en la lengua judía “Vejendoniya”, y en lengua franca “Yagfuriye”. En noveno lugar, como Constantino la había reconstruido, se llamó, en griego, “Poznatyam” y “Konstantiniyye”, y en alemán “Konstantinopol”. En la lengua de Moscú se llama “Tekuriye”, y en la de África “Grandorya”. En húngaro “Vezendovar”, en polaco “Kanatorya”, en checo “Aliyana”, en sueco “Herakliyan”, en flamenco “Istifanya”, en francés “Igrandona”, en portugués “Kostiyya”, en árabe “Kostantiniyye-i Kübrâ”, en persa “Kayser Zemin”, en indio “Taht-i Rum” [trono de los romanos], en mongol “Çakdurkan”, en tártaro “Sakâlib”, y en la lengua de los otomanos se llama “Islambol”.

Bibliografía

- Angelidi, Christine. «Byzantine Constantinople: Literary Perceptions Of The Imperial City». En Tarih Içinde Istanbul. Uluslararası Bildiriler. Ankara Üniversitesi, s. f.
- Bourne, Edward G. «The Derivation of Stamboul». The American Journal of Philology 8, no. 1 (enero 1, 1887): 78–82.-
- Çelebi, Evliya. Günümüz Türkçesiyle Evliyâ Çelebi Seyahatnâmesi. Yapı Kredi Kültür Sanat Yayıncılık, Estambul, 2005.
- Fenster, Erwin. Laudes Constantinopolitanae. Miscellanea byzantina monacensia ;  9. München: Institut für Byzantinistik und Neugriechische Philologie der Universität, 1968.
- Georgacas, Demetrius John. «The Names of Constantinople». Transactions and Proceedings of the American Philological Association 78 (1947): 347 – 367.
- Hazem Said Muhammed. «Âlûsî’nin “Garâibu’l-İğtirâb ve Nuzhetü’l-Elbâb Fi’z-Zehâbi ve’l-İkâme ve’l-İyâb” Adlı İstanbul Seyahatnamesi». En Tarih Içinde Istanbul. Uluslararası Bildiriler. Ankara Üniversitesi, s. f.
- Sakaoğlu, Necdet. «İstanbul’un adları» en İstanbul ansiklopedisi: dünden bugüne. Kültür Bakanlığı ve Tarih Vakfı Yayınıları, Estambul, 1994.
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7 respuestas a Los nombres de Estambul

  1. roth dijo:

    mil gracias por la entrada. Es realmente interesante!

  2. Querido Lector dijo:

    Vă mulţumesc domnule Țăranu!

  3. Almaviva dijo:

    Enhorabuena ¡Realmente Estambulienante!

  4. Lector dijo:

    Gracias por el artículo.

    Este tema siempre me recuerda una canción.

  5. Gülçin Ayan dijo:

    Keşke İspanyolca bilseydim… Fenari İsa ve ve diğer siyah-beyaz İstanbul fotografları,aslında bütün görseller çok hoşuma gitti.Bibliyografya vermeniz de öyle.İspanyolca konuşan ülke insanlarına hakkımızda bilgi veriyorsunuz. Elinize sağlık.

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