Cognados español / turco II

Continuamos con la segunda parte de la serie sobre palabras iguales en español y en turco que iniciamos hace poco y que viene a completar las entradas de Turquismos en español e Iberismos en turco. En esta entrada veremos más arabismos comunes a ambas lenguas.

Algunos arabismos son comunes a las dos lenguas pero tienen un origen más antiguo en la lengua latina. Es el caso de las siguientes palabras

atún ton(balığı). Se trata de una palabra que ha circulado por el Mediterráneo desde antiguo, tal vez el árabe la tomó del latín y este a su vez del griego.

candilkandil. Con el mismo significado en turco, se trata de un arabismo en ambas lenguas que tiene su origen último en el latín candela.

jabónsabun. Con el mismo significado, en español esta palabra puede ser una voz patrimonial de origen latino, mientras que en turco entró probablemente por mediación del árabe.

mandilmendil. Dos arabismos con significados muy similares en ambas lenguas. El origen está en una forma latina, que también ha dado el español mantel.

quintalkantar. En turco con el significado de “báscula grande”, y también una unidad de peso en desuso. Se trata de un arabismo cuyo origen último es el latín centenarium.

Arabismos desusados o raros en español

En otros casos el arabismo está en franco retroceso en español pero constituye una palabra de uso muy corriente en turco. Vamos a señalar estos casos destacando en negrita la palabra turca.

arifalarife. En turco mantiene su significado árabe originario de “sabio, experto”, mientras que en español designaba a un arquitecto o un albañil.

En el nombre del Generalife se rastrean dos palabras comunes en turco “cennet” y “arif”. Foto: krakauer1962 en pixabay.com

baytaralbéitar. Palabra relativamente común en turco para “veterinario”, de idéntico significado en español.

cihazjaez. En turco con el significado de “aparato”, en español conserva varios significados, como adorno de ciertos caballos, y “cualidad o propiedad de algo”.

cıvaazogue. La palabra del elemento químico mercurio es en turco un persianismo directo, que el español tomó del árabe en su forma azogue, hoy desusada.

fakirfaquir. En turco es la palabra común para “pobre”.

hareketalharaca. En turco la palabra común en turco para “movimiento”, y en español según el DRAE “extraordinaria demostración o expresión con que por ligero motivo se manifiesta la vehemencia de algún afecto, como de ira, queja, admiración, alegría”.

hediyealfadía. En turco con el significado de “regalo”, en español designaba antaño al cohecho o soborno.

hür horro. En turco con el significado de “libre” en oposición a “esclavo”, tal vez más común en el derivado hürriyet “libertad”, e idéntico significado a la voz española horro, hoy en desuso.

kalemcálamo. La palabra turca más común para “pluma, bolígrafo” es en realidad un arabismo con origen en el latín calamus.

kasabaalcazaba. En turco es la palabra común para designar a un pueblo grande, mientras que en español se conserva en contextos históricos con el significado de “recinto fortificado”.

mahallealmahala y almofalla. En turco es la palabra común para referirse a un barrio. En español designaba a un campamento o hueste acampada. El significado original en árabe se refería a un lugar habitado.

nafakaanafaga. La palabra española designaba las costas de un proceso judicial. En turco se refiere a la pensión que se paga a un ex cónyuge.

reyhanarrayán. En turco es un nombre relativamente común para la albahaca, mientras que en español designa al mirto.

sahrazahareño. La palabra turca es de uso corriente para designar a un desierto, y la encontramos en el nombre tautológico del “desierto del Sáhara”. En español se conserva solo en su adjetivo derivado con el significado de “desdeñoso, esquivo, intratable o irreductible”.

sakaazacán, y también azacanado. En ambas lenguas con los significados de “vendedor ambulante de agua”, y “persona afanada en numerosos encargos”. En español tal vez más en desuso que en turco.

selamzalama. Palabra común en turco para “saludo”, en español la define el DRAE como “demostración de cariño afectada”.

Ilustración de un zahorí en un libro francés del s.XVIII

sokakzoco. Probablemente una voz de origen acadio. En turco es la palabra común para “calle”. También en español existe la voz azogue, con el significado de “plaza de algún pueblo”, palabra distinta, aunque homófona, de la que significa “mercurio”.

tercümantrujimán (y también dragomán). La voz común en turco para “traductor”, un vocablo de origen acadio, y según algunos lexicólogos una de las pocas palabras con un significado plenamente estable en los últimos cinco mil años.

Zührezahorí. La palabra árabe para el planeta Venus (por cierto un nombre muy popular en Uzbekistán), no es la más común en turco, pero sigue siendo empleada. Está relacionada con esta palabra española que el diccionario de la RAE define en una de sus acepciones como “persona a quien se atribuye la facultad de descubrir lo que está oculto, especialmente manantiales subterráneos”, una facultad relacionada con el influjo del planeta Venus.

Arabismos en la toponimia

Los arabismos son muy comunes en la toponimia ibérica, y por extensión en la iberoamericana. Algunos de estos arabismos se corresponden con palabras que el turco ha incorporado a su caudal de vocablos comunes.

Albacetebasit. El topónimo toma su nombre del significado de “extensión, llanura”. En turco significa “simple”.

Alcalákale. Con varios representantes en la geografía española, el vocablo que da lugar a este topónimo mantiene en turco su significado corriente de “fortaleza”.

Alcántarakantara. Otro topónimo muy común en España, que se corresponde con una palabra turca con el significado de “puente de piedra”, muy en desuso frente al común köprü.

Alfarpharap. El topónimo de origen árabe de este pueblo valenciano se corresponde con la palabra común turca para “en ruinas, despoblado”.

Algarvegarp. Esta región portuguesa, al igual que el término geográfico Magreb, proviene del nombre árabe para el “Oeste, occidente”, conservado en turco con ese significado, aunque no sea la denominación más usual, pues se prefiere la palabra de origen turco batı .

Alginetcennet. El nombre de esta localidad valenciana, territorio muy rico en topónimos arábigos, es un cognado de la palabra turca para “jardín del Edén”.

Vista de Cómpeta, en la comarca de La Axarquía, Màlaga

Alhamahamam. Un topónimo que se repite en varias localidades españolas y que se corresponde con la palabra turca para “baño público”.

Almadénmaden. El nombre de esta localidad manchega conocida por sus minas de mercurio proviene del vocablo árabe para “mina”, palabra corriente en turco para referirse al mismo tipo de explotación.

Axarquíaşark. El nombre de esta comarca malagueña proviene de la palabra árabe para el “Este, oriente”, conservada aún en turco, aunque no sea la más común. (v. Algarve).

Guad-vadi. Los topónimos que comienzan por Guad- y que generalmente, aunque no siempre, se refieren a un río (Guadalquivir, Guadiana, Guadalajara, Guadalupe, etc.) se corresponden con la palabra turca común para “valle”.

Henaresnehir. El nombre de este río y comarca española está relacionada con la palabra común en turco para “río”.

En la próxima entrada de esta serie veremos algunas palabras coincidentes en español y turco que tienen su origen en el persa y en formas indoeuropeas.

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Estambul y los perros II

La diosa Artemisa ofreciendo una libación junto a su perro

En la anterior entrada dedicada a los perros de Estambul nos centramos en ciertos aspectos antropológicos y religiosos. En esta ocasión vamos a echar un vistazo a las huellas de la presencia de cánidos domésticos durante el periodo bizantino.

A lo largo de la Antigüedad la civilización helena fue poco a poco abandonando el sacrificio ritual de perros, vinculado principalmente al culto de la diosa Hécate (identificada posteriormente con Artemisa), una práctica muy común en época arcaica atestiguada tanto por la literatura (en la Ilíada se sacrifican perros en honor a Patroclo) como por el registro arqueológico. Con todo, aún a inicios de nuestra era Plutarco sigue hablando de sacrificios caninos y del uso “catártico” que le daban los griegos.

Lo mismo se puede decir del consumo de carne de perro, relativamente frecuente en época de Hipócrates, quien recomendaba su carne hervida como una de las más fáciles de digerir. Aunque la carne de perro nunca llegó a representar más que una ínfima parte del total de proteína animal consumida, el registro arqueológico corrobora su lenta pero progresiva erradicación de la dieta en el Imperio Romano Oriental, por más que ocasionalmente se recomendara su ingesta con un propósito medicinal.

Sin duda el servicio más apreciado que brindaban los perros en Bizancio era el de guardar el ganado. El nomos georgikos, o Ley Agraria, que se cree promulgada en época del emperador León III, establece penas muy duras para quienes agredieran o mataran a estos animales. Quien envenenara a un perro pastor recibiría cien latigazos y habría de compensar al dueño con el doble de su valor, más incluso si como consecuencia de su acto el dueño perdía alguna cabeza de ganado. Doce latigazos estaban previstos para quien, al intentar separar a dos perros enzarzados en una pelea, dañase o cegase a uno de ellos. Aunque esta protección jurídica se limitase a los perros pastores, da muestras de una cierta preocupación por las vidas de los animales.

Mosaico del Gran Palacio de Estambul (s.VI)

La protección del perro, así como su exclusión del catálogo de animales comestibles, va ligada a su generalización como animal de compañía y guardia doméstica en entornos urbanos, más allá de sus tradicionales usos pastoriles y cinegéticos. Un estudio sobre los cráneos de más de quinientos perros encontrados en el yacimiento del puerto Teodosio muestra cómo la inmensa mayoría de ellos eran de tipo mesocefálico, similares a las modernas razas de perros terrier. Otro estudio determinó que la mayoría de estos perros eran de talla mediana y se criaban probablemente como perros de guarda domésticos. Sabemos también que el perro aparecía representado, modesta pero dignamente, en algunas de las edificaciones más significativas de Constantinopla. Los mosaicos del Gran Palacio muestran, junto a numerosos otros animales, algunas escenas en las que los canes son protagonistas. Y las descripciones que nos han llegado de la gran Puerta Dorada de las murallas de la ciudad, hoy desaparecida, nos hablan asimismo de un relieve de Hércules capturando al perro Cerbero.

Recreación de la pequeña Puerta Dorada con los doce trabajos de Hércules, obra de Antoine Helbert (antoine-helbert.com)

Estuvo asimismo presente en otro de los grandes escenarios de la ciudad: el Hipódromo. Y no sólo como inevitable componente del catálogo de insultos que se dirigían al emperador en los momentos de mayor excitación, como nos cuentan numerosos testimonios; sino también como parte de los espectáculos, en especial tras el declive de las grandes carreras de carruajes. Existen varios testimonios a este respecto, algunos tan tardíos como el del científico árabe al-Marzawi, quien presenció a principios del s.XII diversos juegos que incluían luchas de animales, como leones contra toros, y zorros contra perros.

Unos cuantos años antes, en 963, el emperador Nicéforo II Focas organizó un extraño divertimento en el que exhibió un buen número de perros vestidos con ropajes de diferentes pueblos del mundo, amén de otras rarezas, como un cocodrilo encadenado, una mula de dos cabezas y un perro que era capaz de identificar a ciertas personas entre el público…

Historias sobre perros

Esta última mención a un perro con poderes asombrosos nos remite a una extraña anécdota relatada por Malalas en el s.VI según la cual en las inmediaciones del Hipódromo anduvo durante un tiempo apostado un enigmático viajero con un perro que era capaz de realizar curiosas proezas, como ordenar monedas de distintos emperadores de acuerdo con la cronología correcta, o señalar a las mujeres embarazadas, a los tacaños y a las adúlteras.

Esta picante historia de perros sobrenaturales debió de conocer gran circulación a lo largo de todo el periodo bizantino, pues aparece mencionada en repetidas ocasiones. En el s.IX por ejemplo, se asegura que el perro podía determinar si la mujer embarazada daría a luz a un niño o a una niña. La misma leyenda aparece como contemporánea en la obra de Manuel Malaxos, casi un milenio después de su primer testimonio.

Chacales en un manuscrito del Calila y Dimna (s.XIII)

Y por supuesto también gozó de gran difusión la antiquísima historia del perro fiel, contenida en la colección de cuentos del Sendebar, de la que hay una versión publicada en Constantinopla en el s.XIII. Se trata de un breve cuento moralizante en el cual un caballero deja a su perro fiel al cuidado de su bebé mientras él tiene que atender un asunto urgente. En su ausencia llega una serpiente que trata de devorar al niño, pero el perro, vigilante, consigue desbaratar el ataque y matar al reptil. Al regresar, el caballero advierte que las fauces de su amigo están llenas de sangre, y creyendo que ha atacado a su hijo, lo mata sin dudarlo. Finalmente se da cuenta de su error y se lamenta amargamente.

La ambigua representación del perro

Tristan Schmidt, que estudió la representación del perro en la literatura bizantina del siglo XII, afirma que este animal aparece conceptualizado de tres formas diferentes. En primer lugar el discurso aristócratico pone de relieve su importancia crucial en la práctica de la caza. Esta conceptualización resalta no solo la proverbial fidelidad del perro, sino también su valor en la formación de la identidad del cazador. En este tipo de textos el perro se presenta sin ninguna duda bajo una luz positiva. En otro tópico literario benévolo con la figura del can éste aparece como revelador del asesino de su dueño.

En segundo lugar, la literatura de tipo político e histórico representa al perro en su dimensión de criatura dominada o sometida al poder. En estos textos es recurrente la metáfora del perro al referirse a los enemigos que huyen o a los adversarios vencidos.

Giotto. Joaquín, los pastores y el perro, en la capilla Scrovegni (Padua)

Un último dominio lo constituye la literatura de tipo religioso, donde la conceptualización del perro es abiertamente ambigua. Por una parte se identifica su fidelidad con la lealtad espiritual a Dios (recordemos la iconografía de San Cristóbal que vimos en la primera entrada), pero por otra parte aparece como un ser impuro e incluso demoniaco. En la Vida del Estilita San Lazaro, por ejemplo, se identifica al perro con el diablo que tienta, y también con los musulmanes; una comparación que no deja de llamar la atención pues por aquellas mismas fechas las fuentes árabes se mencionaba de forma rutinaria al emperador como “perro de los bizantinos”.

Todas estas recurrentes asociaciones negativas pueden explicar la ausencia de perros en algunas conocidas representaciones iconográficas, como se pone de manifiesto al comparar la escena de Joaquín y los pastores del monasterio de San Salvador de Chora con la capilla Scrovegni de Giotto.

El perro, protagonista

Aparte de todas estas representaciones, en dos obras bizantinas del s.XIII el perro adquiere pleno protagonismo. La primera de ellas es el Kynosophion de Demetrio Papagomenos, un tratado canino que explica las mejores maneras de criar y cuidar a estos animales. Da consejos para elegir un buen cachorro e incluso recomienda a los dueños dormir junto a sus perros para fomentar en ellos el apego a su amo. El autor muestra una gran sensibilidad y se pregunta cómo es posible desatender a estas criaturas tan valiosas.

También incluye una serie de consejos veterinarios de indudable inventiva aunque más que cuestionable eficacia. Para prevenir la rabia debe hacérseles beber agua filtrada a través del polvo de las espinas de una rosa, así como comer excrementos de pájaro, y las partes pudendas de un asno mezcladas con vino aromático. Para las afecciones oculares el remedio no es menos extravagante: untar el ojo con una mezcla de hiel de toro, jugo de hinojo, miel y azafrán.

Icono de San Esteban y San Cristóbal Cinocéfalo

La otra gran obra acerca de los perros es el Encomio de Nicéforo Basilakes. En ella elogia tanto el cuerpo como las virtudes del carácter de los perros. Destaca su talento para la caza, pero también su excepcional ayuda como guías de los mendigos ciegos. Basilakes llega atribuir al perro una cierta racionalidad, reflejada en sus ladridos, que para él no son sólo ruidos sin sentido como los que emiten otros animales. Incluso implícitamente, al ponderar sus cualidades de lealtad, obediencia, abnegación y humildad, les atribuye una cierta moralidad. Concluye Basilakes que “de todas las cosas que los humanos valoran como signos de un alma noble, no hay una sola a la que no aspiren también los perros”.

 

El perro como regalo

En tan alta estima se tenía a algunos perros que en ocasiones figuraban entre los regalos del más alto nivel, desde y hacia Bizancio. Tenemos noticia por ejemplo de un regalo en forma de perros de caza que el rey Enrique II de Inglaterra envió a Manuel Comneno.

Figura de perro de la dinastía Tang (s.VII) (Met Museum)

Algo más tarde el emperador Miguel VI regalaría un ejemplar de caza al califa fatimida Al-Mustansir como señal de buena voluntad.

Y parece que los perros de Bizancio fueron también apreciados mucho más allá de sus fronteras. Se sabe que a principios del s.VII la familia túrquica gobernante en el oasis de Gaochang envió una embajada a la corte de la dinastía Tang y entre los regalos que llevaba figuraba un perro de Fulin (Bizancio), que maravilló a los chinos por su gran velocidad y su habilidad para llevar un candelabro en la boca.

Las plagas

Los perros aparecen también con referencia a los estragos que la Gran Peste Negra causó a mediados del s.XIV. Curiosamente los dos principales relaciones del paso de la enfermedad por Constantinopla mencionan que los perros también enfermaban junto a sus amos.

Más extraña aún que la peste es la afección que algunos autores denominaron en los primeros siglos del Imperio Bizantino como “cinantropía” o “locura canina”. Aunque no hay datos de ningún brote de esta enfermedad en Constantinopla, las crónicas relatan diversas apariciones en varias ciudades del imperio, como Amida (actual Diyarbakır).

Según Juan de Éfeso los afectados de esta extraña forma de demencia se ponían a ladrar como posesos, “se juntaban en grupos, confusos y desordenados, se precipitaban de un lado para otro, incluso al cementerio por las noches […] mordiéndose unos a otros”. La moral y el autocrontrol desaparecían por completo. Balbuceaban y se insultaban, se subían por las paredes, se restregaban por el suelo, desnudos. Muchos de ellos echaban espuma por la boca.

La descripción de los síntomas encajaba exactamente con el tipo de comportamiento que los contemporáneos consideraban típico de los perros: la formación de bandas y jaurías que deambulaban por la ciudad, el pillaje nocturno de los cementerios, la promiscuidad y los espumarajos.

Sin embargo la mayor preocupación en lo que respecta a los perros era su capacidad para transmitir la rabia. Se llegaba a pensar que la enfermedad la causaba una ponzoña canina y por este motivo el perro aparecía en algunos bestiarios listado junto a otros animales venenosos como serpientes o escorpiones.

Ya hemos visto las extravagantes recetas que proponía Papagomenos para combatir la rabia en su Kynosophion. Otros remedios comunes, para perros y humanos, eran la grasa rancia y la hiedra hervida. En otros tratados, como la magna obra del s.X Geoponica, se prescribía a los mordidos por un perro rabioso tomar cenizas de hoja de parra, hojas de ajo, col y hierba ballestera.  Otros compendios médicos mencionaban las nueces, el vinagre o las cenizas de higuera con aceite como eficaz remedio. Se recomendaba también extirparles a los perros cierto tejido ligamentoso de debajo de la lengua, en la creencia de que se trataba de un gusano sin el cual no podrían morder en caso de contraer la rabia. Como veremos en sucesivas entradas la preocupación por la rabia continuó hasta entrado el s.XX.

Bibliografía

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Cognados español / turco I

Al hilo de las entradas que ya dedicamos a los turquismos en el idioma español, y a los iberismos en turco, vamos a ver ahora más coincidencias léxicas entre ambos idiomas. Utilizamos el término de cognado, que en Lexicología designa dos términos que presentan significantes similares por tener un mismo origen genealógico. Es decir, palabras emparentadas por un origen común.

Los cognados pueden ocurrir dentro de una misma lengua (por ejemplo, en español las palabras colocar y colgar forman un doblete de cognados cuyo origen está en el verbo latino collocare), o entre dos lenguas diferentes (por ejemplo, la palabra viento en español es un cognado de la palabra wind en inglés, pues ambos proceden de una raíz protoindoeuropea *wē-nt-o “soplar”).

Los cognados entre dos lenguas pueden deberse al origen común de ambas o ser fruto de un préstamo. Así por ejemplo, el léxico español y el francés presentan miles de cognados (saber / savoir, dormir / dormir, etc.) que son fruto del origen latino de ambas lenguas; pero también contienen otros como guerra / guerre que se explican como un préstamo germánico.

Finalmente los cognados pueden tener el mismo significado en ambas lenguas, como en los ejemplos que acabamos de ver, o pueden presentar distinciones semánticas. Es el caso del español tabla y el inglés table, que son cognados con distinto significado.

En las entradas dedicadas a los turquismos en español y a los iberismos en turco nos centramos en cognados entre ambas lenguas cuyo origen se podía trazar casi inequívocamente en una de las dos, o que al menos, aunque tuviera su origen en una tercera lengua (como en el caso de café), hubiesen llegado como préstamos más o menos directos. En aquella ocasión ejemplos como el de la voz chaleco nos demostraban que las palabras no conocen de frontera alguna y que a veces emprenden viajes con destinos completamente insospechados.

Ahora vamos a centrarnos en cognados que son fruto de préstamos de terceras lenguas, principalmente el árabe, el persa y el griego. En ocasiones las palabras y sus significados son prácticamente idénticas. En otras ocasiones las palabras son muy similares, pero sus significados difieren bastante a causa de diversos desplazamientos semánticos. Finalmente en otras ocasiones la similitud es difícilmente reconocible, pero el estudio de la etimología nos confirma su naturaleza de cognados, e incluso a veces nos enseña algo acerca de las leyes de la evolución fonética.

No incluiremos cognados que estén claramente en desuso en ambas lenguas, y prescindiremos también de cognados pertenecientes al campo semántico de la religión (como amén, imán, hégira, ángel), así como de otros términos que se refieren muy exclusivamente a una cultura o a un periodo histórico concretos (mameluco, mirza, narguile, etc.)

No pretende ser una lista exhaustiva, pero esperamos que sea de interés para quienes desean conocer más acerca de la evolución histórica del léxico español, así como para estudiantes hispanohablantes de turco, ya que algunos de estos cognados pueden facilitar la labor memorística del aprendizaje del vocabulario turco.

En esta primera entrada nos vamos a centrar casi exclusivamente en cognados originados por el superestrato árabe, uno de los más importantes tanto en español como en turco; aunque el origen último de algunas de estas voces puede estar en otras lenguas tan distintas y distantes, como el sánscrito o el acadio. En aras a una mayor claridad de lectura no incluiremos el étimo en árabe.

aceituna zeytin. En este primer ejemplo ya se ve la tendencia de los arabismos a incorporar en español el artículo, en forma de a- o al-.

achaqueşikâyet, con el significado de “queja”. El origen de ambos está en la forma árabe şakā, “queja, denuncia”.

adaliddelil, con el significado de “prueba”, “signo” y también “guía”.

adoquíndukkan, en turco con el significado de “tienda”. El étimo, que en última instancia se remonta al acadio o al sumerio, tenía el significado de “plataforma” o “mostrador”.

aduanadivan. En turco la palabra no sólo designa al mueble, sino también al Consejo Imperial en época otomana, así como a la poesía otomana del periodo clásico. El origen está en una forma persa dewan, con el significado de “archivo”.

Ajedrez en el Libro de los juegos (s.XIII)

ajedrezsatranç. La palabra se remonta a una voz del sánscrito.

alacenahazine, con el significado en turco de “tesoro”.

alacránakrep, con el mismo significado.

alambiqueimbik, con el mismo significado.

albaceavasiyet, con el significado en turco de “testamento”.

albóndigafındık. En turco tiene el significado de “avellana”. Este es un caso curioso de palabra viajera. Su origen parece ser el término griego para avellana, pontikon karion, o nuez del Mar Negro. De ahí paso al árabe funduq. Su uso para designar a las bolas de carne picada se debe sin duda a la similitud en la forma.

albornozbornoz, con idéntico significado.

alcahuetakavat, con el mismo significado. Sin duda ambas palabras están algo en desuso en los dos idiomas.

alcaldekadı, en turco el término hace referencia a un cargo judicial del Imperio Otomano.

alcanforkafur, con el mismo significado.

alcobakubbe, en turco con el significado de “cúpula”

alcoholalkol, con idéntico significado. Curiosamente este arabismo llegó al turco a través del español.

alféizarhaiz. En turco tiene el significado de “poseer”, “tomar posesión”.

alfilerhilal. En turco tiene como principal significado el de “luna creciente“, pero también el de “vara de maestro”, empleada para señalar cosas en la pizarra. De esa figura estrecha y puntiaguda puede provenir su relación con el alfiler.

alguacilvezir, con el significado de “visir”, que evidentemente también es un cognado.

almacénmahzen, con similar significado. Otros cognados del mismo étimo serían el español magacín y el turco magazin, a través del francés.

almiranteemir. El significado en turco se corresponde con el del español “emir”, que también es un cognado.

alquilarkira, con el mismo significado.

arreciferesif, con el mismo significado.

arrozpirinç, con el mismo significado. Aunque no lo parezca estas dos palabras pueden tener origen en la misma voz protodravídica. La forma turca podría haber sido tomada directamente del persa, mientras que en español habría llegado del griego a través del árabe.

arsenal – tersane. Un ejemplo interesante de palabra viajera. En turco significa “astillero”, y proviene de una forma árabe con el significado aproximado de “fábrica”. Curiosamente en turco la palabra proviene del árabe por mediación del dialecto genovés, y es un cognado directo del español dársena. La misma palabra adaptada al dialecto veneciano es el origen de nuestro arsenal. Por su parte la voz hoy desusada atarazana es la forma adaptada directamente del árabe al español. Además la palabra está relacionada con las modernos arabismos en turco sanat, “arte”, y sanayi, “industria”.

ataúdtabut, con el mismo significado.

augeeviç. La palabra turca es muy rara y hace referencia a un tipo de makam de la música tradicional turca, pero ambas palabras derivan de una voz árabe con el significado de “apogeo”.

azafránsafran, con el mismo significado.

azoteaset, en turco con el significado de “dique, barrera” y también “terraza”.

azúcar şeker, con el mismo significado. La palabra deriva en última instancia de una misma voz del sánscrito.

baladíbeledi. La forma turca es una palabra poco común que significa “local”, que es justamente el significado del término árabe. Muy común es en turco por el contrario la palabra belediye, que significa “municipio”. El desplazamiento semántico de “local” al español “baladí” se explica por una referencia a las mercancías locales como algo corriente u ordinario.

balde, baldíobatıl, en turco con el significado, muy próximo al español, de “vano”, “sin valor”.

carmesíkırmızı, en turco es el nombre general para el color rojo. Proviene de la forma arábiga del tipo de cochinilla del que se extraía el pigmento carmín.

cecasikke, con el mismo significado de “establecimiento donde se acuña moneda”.

cénitsemt. Este es un caso curioso por varios motivos. En primer lugar la palabra española es fruto de un error. Se sabe que la forma actual se debe a la reinterpretación medieval de los tres trazos de la letra “m” como la secuencia “ni”, error que terminó generalizándose en todas las lenguas europeas. El plural de la palabra árabe original, que significaba sin más “la dirección de la cabeza” dio también la palabra acimut. Por su parte en turco la palabra sufrió un desplazamiento semántico: aparte de designar el cénit, el significado de “dirección, camino”, dio lugar al de “barrio” o “sección de una ciudad”, que es el más común actualmente.

Obsequio de una azorafa al emperador de China (s.XV)

cifrasıfır. El significado de la palabra turca, “cero”, está más cercana al original del árabe, “vacío”.

dadoadet, en turco con el significado de “número”.

dársena – ver “arsenal”.

elixiriksir, con el mismo significado.

fulanofalan. Empleado en turco principalmente como marcador del discurso “y tal”, pero también conserva el significado de “cierta persona”.

gabán y jubónkaban y cübbe. Palabras muy viajeras, y algo desusadas ya, que probablemente provienen de una única palabra aramea a través del árabe, el persa, el francés y otras.

gacelagazal, con el mismo significado

garrafa, jarrakarafa. La etimología de estas palabras es oscura, pero presumiblemente se trata de un arabismo llegado al turco a través del francés.

hastahatta. Este arabismo común coincide en su significado adverbial, “incluso”.

hazañahasenat. En turco es un término muy desusado que tan sólo se emplea en la expresión hayrat ve hasenat, “buenas acciones”, que es precisamente el significado original del término árabe.

jabalícebel. La palabra turca está algo en desuso y se refiere a un terreno sin dueño, o a una parcela sin cultivar. El étimo común en árabe significa sin más “monte” (de donde también viene el topónimo Gibraltar), del que “jabalí” sería un derivado.

jarabeşarap, en turco con el significado de “vino”

jirafazürafa, con el mismo significado. En español medieval se documenta la palabra azorafa para referirse a este exótico animal.

laúd ut, ambas formas designan diversos instrumentos de cuerda.

limónlimon, a través del árabe y el persa ambas palabras derivan en última instancia de una voz del sánscrito.

macramémahrama. En turco designa a un tipo de velo o pañuelo. El origen último es una forma árabe que significa “vedado”, “tabú” y que también está en el origen de la palabra española “harén”. La forma macramé en español proviene modernamente del francés, a su vez un préstamo del genovés.

matracamatrak. En turco significa “burlarse”, hasta cierto punto similar a la expresión española “dar la matraca”. También puede designar una estaca de madera.

mezquinomiskin. En turco tiene el significado de “indolente, perezoso”, pero también el de “infeliz”, e incluso “leproso”, más cercano a la forma árabe de la que proviene.

Ceremonia con la momia de Hunefer (s.XIII a.C)

momiamumya, mum. La palabra mum significa en turco “cera”.

monomaymun, con el mismo significado en ambas lenguas. Curiosamente el original árabe significa “favorable” o “fausto”, tal vez un eufemismo, ya que el avistamiento de monos era un mal presagio para los marineros árabes. El uso de una antífrasis para designar a un animal dañino está también en el origen de la palabra comadreja, aunque en este caso nada tiene que ver con el turco. También en español está atestiguada la palabra maimón.

monzónmevsim. La palabra turca significa “estación del año”. El significado en español proviene de los navegantes portugueses del océano Índico.

nácarnakarat. Otro ejemplo de cognados con significados completamente distintos. En turco significa “estribillo” de una canción. El étimo árabe significa “golpear con un ruido repetido”. También está relacionado con la palabra turca nakit, “dinero en efectivo”, que sería literalmente “dinero [contante y] sonante”.

rehénrehin, con el mismo significado.

rincónrükün. La palabra turca, con el significado de “el lado más robusto de un objeto”, está muy en desuso.

safarisefer. En turco con el significado general de “viaje, expedición”. En español proviene del árabe por mediación del suajili.

talcotalk, con el mismo significado.

Descripción del tambur en dos obras turcas del s.XIX

tambortambur. En turco designa también un instrumento, pero de cuerda., nombre relacionado tal vez también con el dombra.

tarifatarif. En turco con el significado de “definición”.

taza tas. En turco con el significado de “cuenco”.

zafiosaf. En turco mantiene un significado más cercano al original árabe como “ingenuo”, “crédulo”.

zaguánüstüvane. Otro ejemplo de cognados muy distintos y con significados diferentes. En turco significa “cilíndrico”.

En la siguiente entrega de esta serie veremos más cognados relacionados con el árabe.

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Estambul y los perros I

 “Toda Constantinopla está llena de perros que no son de nadie, […] junto al palaçio del Gran Turco hay tantos como hormigas; porque si una perra pare tienen por pecado matarle los hijos, y desta manera multiplican como el diablo”. (Viaje de Turquía, 1557)

Dice un viejo proverbio de Oriente Medio que una ciudad donde los perros no ladran por la noche es una ciudad muerta. De ser esto cierto muchas urbes de Europa Occidental se mantienen hoy día vivas tan sólo gracias a los ladridos en sordina que de vez en cuando retumban en los bloques de apartamentos, pero Estambul sigue siendo una ciudad llena de aliento y vigor.

Y es que nuestro amigo el perro figura entre las cuatro especies de mamíferos más abundantes en la ciudad del Bósforo, junto con el humano, el gato y la rata (y no estoy seguro de que sea en ese orden preciso). De los gatos de Estambul se ha hablado mucho en tiempos recientes, y también los perros han sido objeto de atención en los últimos años, como atestiguan los libros de Cathérine Pinguet Les chiens d’Istanbul (2008) y Ümit Sinan Topçuoğlu Istanbul ve sokak köpekleri (“Estambul y los perros callejeros”, 2010), o la exposición El municipio a cuatro patas del Instituto de Estudios de Estambul en 2016, pero creemos que tal vez han quedado algunos aspectos interesantes por tratar.

Perros ante una embarcación en Estambul

Las tempestuosas relaciones entre cánidos y humanos han impregnado durante siglos el universo cotidiano de los habitantes de las ciudades, su horizonte referencial y su imaginario compartido. Desde su domesticación el perro se ha caracterizado por una condición un tanto ambigua, difícilmente subsumible en la dicotomía clásica que opone animales domésticos y salvajes. El perro ocupa un espacio liminal, perteneciente al mismo tiempo al mundo de la naturaleza y al de la cultura, y a ninguno de ellos de forma plena. El saber popular en casi todas las culturas atestigua esta condición dual que se otorga al perro, atribuyéndole tantas cualidades positivas como negativas.

En las sociedades urbanas este estatus de paria es aún más evidente: mientras que otros animales cercanos, como el lobo, han encarnado desde tiempos inmemoriales lo puramente salvaje y anárquico, el polo opuesto de la civilización humana; el perro ha quedado relegado a lo más profundo y en ocasiones abyecto del mundo urbano, tenido por una criatura errabunda, servil, cobarde y pestilente, que solo se alimenta de desperdicios y de carroña.

Un hombre da de comer a los perros en el palacio de Topkapi a ppos. del s.XX

Como sucede con tantos otros elementos del paisaje urbano, en el caso de Estambul la figura del perro parece estar magnificada y provista de una significación singular. El perro de Estambul ha sido un elemento sucesiva y simultáneamente admirado, detestado, venerado, inmortalizado por el arte y la literatura, estudiado por sociólogos y filósofos, convertido en metáfora de los habitantes humanos, injuriado, deportado e incluso vilmente exterminado.

Para muchos habitantes y visitantes de Estambul, sus perros callejeros siguen siendo un elemento tan esencial y constitutivo del alma de la ciudad como pueden serlo los minaretes, las cuestas o la mismísima Santa Sofía. En esta serie de entradas queremos reparar en algunas desventuras y avatares de estos mejores amigos del hombre a orillas del Bósforo, y comenzaremos hoy echando un vistazo al estatus del perro en diversos sistemas de creencias que con el paso del tiempo confluirían en la ciudad de Estambul.

Perros venerables en los albores de Estambul

Aunque algunas de las primeras pruebas de la domesticación del perro se han encontrado precisamente en el territorio de la actual Turquía, poco sabemos acerca de los primeros perros que llegaron, ya en época histórica, a la ciudad de Estambul. Sin embargo podemos asegurar que la figura del can ha estado vinculada a la ciudad desde épocas muy tempranas.

Representación de la diosa Hécate

Ya mencionamos la leyenda según la cual la diosa Hécate protegió junto a su jauría de perros a la ciudad de Bizancio del ataque de los persas. Según Hesiquio de Mileto, para agradecer su intercesión, los bizantinos erigieron una estatua con una gran antorcha, ante la que supuestamente se sacrificaban perros. Y probablemente el culto a esta diosa, llamada en algunas fuentes Kyneolygmate, “la que aúlla como un perro”, o simplemente la Diosa Perra, pues su llegada venía anunciada por los aullidos y ladridos de su jauría, considerada guardiana de lugares liminales como las murallas de la ciudad, y representada a menudo junto a una jauría de cien perros, debía de ser mucho más antiguo y remontarse a la fundación misma de Bizancio.

El perro en el mundo túrquico

El perro está muy presente en los sistemas religiosos de los pueblos túrquicos. No en vano es uno de los doce animales del zodiaco común a muchos pueblos de Asia, mencionado para el mundo túrquico ya por Al-Biruni y Mahmud al Kashgari en el s.XI.

En ocasiones el perro cumplía el mismo papel que el lobo como antepasado ancestral del clan o tribu, hasta el punto de que algunas tribus llevaban por nombre algún derivado de las palabras túrquicas para perro (it y köpek). En el sistema de creencias de los yakutos, algunos chamanes tenían al perro como animal espiritual protector, y se decía de ellos que eran capaces de ladrar y comunicarse con los canes. Entre los pueblos túrquicos de Siberia, el ladrido de los perros era en general considerado un buen augurio. Si los ladridos se producían durante el año nuevo se creía que este iba a ser próspero y alegre.

Sin embargo también se asociaba al perro con cualidades negativas. Por su mal olor, se le relacionaba con algunas plantas, como la manzanilla bastarda, llamada “manzanilla del perro” (it papatyası, Anthemis cotula), y por su voracidad con otros animales como el tiburón (en turco köpek balığı, literalmente “pez perro”). Más graves aún eran las asociaciones con la cobardía y la herejía. La expresión “perro infiel” (itum kafir) para referirse a los no creyentes es muy antigua, y en el mundo túrquico aparece ya en el Dede Korkut.

La vida religiosa antigua de los pueblos túrquicos incluía también abundantes ritos relacionados con el mundo canino, como aparece profusamente atestiguado en las fuentes bizantinas. Se sabe que entre los tártaros existía la costumbre de poner una calavera de perro en los cimientos de una casa como forma de asegurar la protección del hogar. Teofilacto de Ócrida y Nicolás el Místico hablan asimismo de las “ofrendas” que los protobúlgaros realizaban a los perros.

Por lo que respecta a los sacrificios rituales de perros parece que fueron frecuentes. Teófanes Continuatus afirma en el s.IX que el emperador bizantino, tras un tratado con los búlgaros, troceó unos perros como forma de mostrar su buena voluntad. También Jean de Joinville cuenta lo mismo de los cumanos, y asegura que esas prácticas eran una manera de asegurar que estarían dispuestos a sufrir el mismo destino si traicionasen a sus socios.

Petroglifo protobúlgaro de Madara (s.VII) que representa un jinete seguido de su perro

Otro elemento que suele aparecer asociado al perro en los mitos y el folklore túrquicos es el pelo. Para algunas culturas, como los buriatos, el Diablo hechizó a los humanos sembrando pelo por todo su cuerpo a base de escupitajos, pero Dios consiguió salvar a sus criaturas humanas transfiriendo ese pelo a los perros. En cambio para los altáis la eliminación del pelo era obra del demonio, que con ello habría además implantado la mortalidad en los hombres. Mahmud al-Kashgari por su parte menciona una extraña creencia acerca de un perro, muy peludo y extraordinariamente dotado para la caza, que nacería del penúltimo huevo de un águila y llevaría por nombre Barak.

Cinocéfalos en un manuscrito del s.XIV

Más enigmática y extendida aún es la leyenda del reino de los hombres con cabeza de perro o Cynocephali, descrito ya desde la Antigüedad griega como un territorio mítico situado en algún lugar perdido del oriente. La leyenda aparece también mencionada en San Agustín y cobra gran popularidad con el Romance de Alexandre, desde donde supuestamente acaba incorporada, entre otros, al folklore de los turcos oghuz. El relato legendario volvió a ser retomado en la obra de viajeros medievales como Marco Polo o Ibn Battuta y siguió cautivando la imaginación de los europeos hasta la Edad Moderna.

El perro en el cristianismo

A diferencia de otros sistemas de creencias, como el zoroastrianismo, el perro es un animal generalmente despreciado en las tres religiones del Mediterráneo oriental, pero es tal vez en el cristianismo donde se le trata como una criatura más impura.

Las Sagradas Escrituras lo presentan lamiendo las heridas de Job (Job 30:1), excluído de la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 22:15) y comiendo el cadáver de la reina Jezabel (Reyes 9:36). Los Proverbios tratan al perro de necio reincidente “que vuelve a su vómito” (26:11), el Evangelio de Mateo lo compara con los extranjeros (Mateo 15:26), y el Deuteronomio lo equipara con quienes ejercen la prostitución (23:18).

Ya en época medieval el perro representó de forma recurrente los pecados capitales de la envidia y la lujuria, y se le consideraba una de las formas que podía adoptar el diablo para tentar a los hombres.

Representación de San Cristóbal con cabeza de perro

Sin embargo el perro podía aparecer en ocasiones de una forma bien distinta y extraña, como en el caso del venerable San Cristóbal con cabeza de perro, un misterio de la iconografía cristiana que ha sido interpretado como reminiscencia tardía del culto a Anubis, o como una falsa etimología cruzada entre Canáan y canino, y más modernamente como una representación muy adecuada del carácter liminar del propio San Cristóbal.  Se trata de una representación prácticamente abandonada, aunque según se cuenta, en Estambul aún queda expuesta, en una recóndita iglesia de la orilla asiática, un pequeño icono de este San Cristóbal canino.

El perro en el islam. Una impureza ambigua

En el islam la posición del perro es algo más ambigua. A diferencia del cristianismo el islam no considera que Dios se encarnase en hombre. Entre humanos y animales no hay una frontera absolutamente infranqueable y no se excluye ninguna metamorfosis. Además para el islam todas las criaturas han sido creadas para servir al hombre. Varias suras del Corán llevan nombres de animales: la vaca, las abejas, etc. ya que se considera que estos pueden ser fuente de enseñanzas para los humanos.

En contraste con los textos bíblicos el Corán no contiene palabras despectivas hacia el perro. Incluso un can tiene un papel determinante en la historia de los Siete Durmientes (sura Al-Kahf 18:26). El perro, llamado Kitmir, habría esperado fielmente junto a la cueva en la que se habían refugiado los jóvenes que huían de la persecución religiosa. El profeta llega incluso a incluirlo en la enumeración de los jóvenes, lo cual ha llevado a considerarlo en ocasiones como una entidad también sagrada.

El perro Kitmir en una representación de los Siete Durmientes

El lado oscuro del perro en el islam no hay que buscarlo en el Corán, sino a los hadices, los dichos del profeta. Según algunos de ellos, Mahoma había decretado en un primer momento el exterminio de todos los perros, pero en vista de que el hombre necesitaba la ayuda de algunos de ellos, decidió eliminar solo a los de color negro, y a los que tenían manchas blancas en cada ceja. Se libraron del exterminio los perros de caza, y los que vigilaban casas, calles, rebaños o huertos. Si alguien mataba a alguno de estos perros debía recompensar a su dueño.

Además el perro seguía siendo una criatura sucia en lo que respectaba a las prácticas religiosas. Cualquier cosa que tocase o lamiese un perro se convertía en impuro. Si bebía de un recipiente destinado a los humanos se hacía necesario lavarlo siete veces con agua y arena. Si rondaba a un creyente mientras este oraba se invalidaba la oración, y se pensaba que su presencia dentro de una casa ahuyentaba a los ángeles.

Según algunas tradiciones el perro habría nacido de la saliva del diablo, y según otras, de la arcilla que había sobrado de crear a Adán. Otros exégetas afirman que los blasfemos y los usureros resucitarían en forma de perro el Día del Juicio Final.

La impureza del perro hacía reflexionar a los juristas musulmanes sobre cuestiones tales como lo adecuado de comer carne de animales cazados gracias a perros de color negro, o perros adiestrados por infieles. En otros textos se justifica la venta de perros con la finalidad de completar la peregrinación a la Meca.

Algunos hadices eran más benévolos con el can, y relataban la recompensa de tal o tal persona en el más allá por haber socorrido a un perro sediento. Pero la más firme defensa intelectual del perro en el mundo islámico vendría de la mano de autores como Al-Bukhari, Al-Damiri, y sobre todo Al-Jahiz, quien en el s.IX describió con detenimiento la especie en su tratado “Sobre los animales”. Según este escritor árabe el Creador habría elegido al perro como compañero de los durmientes por la cualidad que sólo él posee dentro el mundo animal: la fidelidad.

Grupo de perros escuchando al poeta Rumi en un mercado (miniatura del s.XVI)

Dentro del mundo musulmán también encontramos un trato más amable hacia los perros en la mística persa medieval, para la cual el can simbolizaba el valor, la devoción, la fidelidad, y sobre todo la humildad a la que debía aspirar el hombre.

En cualquier caso, el estatus del perro, contrariamente al del gato, nunca dejó de ser ambiguo. y hoy en día la aversión al perro como mascota en las sociedades urbanas del mundo musulmán así lo atestigua. En próximas entradas de esta serie abordaremos el estatus de los perros en la sociedad de Estambul durante los periodos bizantino y otomano.

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Nombres uzbekos

Del mismo modo que vimos algunos nombres turcos, vamos a ver ahora cuáles son los nombres más comunes de las gentes de Uzbekistán.

Como consecuencia de su agitada historia, los uzbekos del s.XXI presentan una grandísima variedad de nombres, fundamentalmente de origen arábigo, persa y túrquico. Al final de la entrada incluyo una pequeña guía para la correcta pronunciación de los nombres.

Múltiples variantes para un mismo nombre

Antes de ver los nombres es necesario explicar algo que puede resultar un poco desconcertante a los extranjeros que se asoman al mundo de la onomástica uzbeka, y es que los mismos nombres pueden presentar formas escritas algo distintas. Estas formas se dan por la alteración de algunas vocales y consonantes

Variación vocálica

En la lengua uzbeka estándar la vocal /a/ proveniente de palabras de origen túrquico y persa ha evolucionado en muchas ocasiones a /o/. Este fenómeno afecta también a las palabras de origen árabe. Por ejemplo Tashkent > Toshkent, Allah > Alloh, o el sufijo -stan, que en uzbeko es -ston. también ha sucedido en la lengua tayika y se refleja por supuesto en la lengua escrita.

Sin embargo, la presión de la tradición y del prestigio de las lenguas persa y sobre todo árabe clásica, así como el “mimetismo” con otras tradiciones escritas de la zona (por ejemplo, otras lenguas túrquicas del espacio post-soviético, que no conocen este fenómeno), hacen que en muchas ocasiones los nombres propios se “traduzcan” con la vocal a etimológica. Así tenemos la alternancia de formas como Islom ~ Islam, Gulnora ~ Gulnara, etc.

El poeta Alisher Navoi en un sello soviético

En esta entrada emplearemos los nombres puramente uzbekos, aunque ocasionalmente podamos mencionar las formas etimológicas.

Variación de las consonantes h~x

La lengua uzbeka distingue entre una consonante x que suena como la <j> española y otra h que suena como la <h> del inglés “history”. Cuando el uzbeko se escribía con alfabeto cirílico la primera se correspondía con la letra <X> y la segunda con la muy similar <Ҳ> que no existe en el alfabeto cirílico ruso. En las transliteraciones rusas de la lengua uzbeka se empleaba solo la primera consonante, y como consecuencia de esto, en algunas “retransliteraciones” a caracteres latinos, previas a la adopción del alfabeto latino en Uzbekistán, ciertos nombres se escribían en algunos contextos con una una <x> errónea, y ese error o vacilación ha persistido hasta hoy. Por si fuera poca confusión, en los nombres derivados de la forma árabe Allah, la <h> final puede aparecer o no.

Por tanto, técnicamente podríamos ver el “mismo” nombre escrito de ocho maneras distintas como Hamidulla~Hamidullo~Hamidullah~Hamidulloh ~ Xamidulla~Xamidullo~Xamidullah~Xamidulloh.

Sufijos y combinaciones

Otra característica de los nombres uzbekos es que muchos de ellos presentan sufijos específicos que se combinan con muchos nombres diferentes.

Los sufijos más frecuentes para hombres son -bek (señor, noble) y -boy (riqueza). Otros como -jon (alma) y -xon (kan, como en Gengis Kan) se utilizan tanto con nombres masculinos como femeninos, aunque el último sea más común en los femeninos. A veces los sufijos también reflejan el estatus de la familia de quien posee el nombre, como podría ser el caso de los sujios -said (del linaje del Profeta Mahoma), o xo’ja (maestro).

De modo que un nombre como Aziz puede aparecer en su forma simple, o como Azizbek, Azizboy, Azizjon, Azizxon, Saidaziz, Azizxo’ja u otros. Lo interesante es que estos sufijos pueden formar parte del nombre de forma “oficial”, o simplemente ser utilizados como apelativo cariñoso o de respeto.

Otros elementos que no entran en la categoría de sufijos apelativos, pero que también son recombinables y recurrentes, son gul (flor) y dil (corazón) en nombres de chicas, o -iddin (“de la fe”) en nombres de chicos. Por otra parte muchos nombres se pueden combinar para formar otros nombres. De los nombres Ali y Murod pueden surgir Alimurod y Murodali. Y Ali y Sher también se pueden combinar como Alisher y Sherali.

Nombres masculinos y femeninos

En uzbeko los nombres son en general exclusivamente masculinos o femeninos. En algunos casos sin embargo un nombre masculino puede transformarse en femenino añadiendo una -a al final, como es el caso de Aziz > Aziza, Malik > Malika o Latif > Latifa.

Nombres de origen semítico (árabe)

Tal vez la fuente más importante de la onomástica uzbeka sea el stock coránico de nombres de persona. Como nombres masculinos los más comunes son Abdulloh (esclavo de Dios), Ali, Anvar (brillante, luminoso), Azim (resuelto, determinado), Aziz (amado), Hasan (bueno, benefactor), Husan (hermoso), Izzat (valioso), Javohir (gema), Latif (amable), Malik (rey de reyes), Muhammad, Murod (deseado), Muzaffar (victorioso), Odil (justo), Qodir (poderoso), Rasul (mensajero), Sanjar (victorioso), Shavkat (esplendor, uno de los más populares en la actualidad), Sunnat (Suna, pero también circuncisión), Umid (esperanza),

Muchos de estos nombres son susceptibles de combinarse con las formas Abdu(l)– (siervo) dando lugar a Abdulaziz, Abdulqodir, Abdurasul, etc., -ulla o -ullo (de Allah), como en Izzatullo, Sunnatullo, etc. Otro sufijo muy productivo es -iddin (literalmente “de la religión” o “de la fe”), que tal vez resulte familiar a muchos hispanohablantes por formar parte del nombre del popular personaje Aladin, y del también conocido aunque no tanto Nasreddin. En uzbeko da lugar a nombres como Asliddin (verdad de la fe), Fazliddin (virtud de la fe), Jamoliddin (belleza de la fe), Muhiddin (belleza de la fe), Nuriddin y Sirojiddin (luz de la fe).

El ciclista uzbeko Jamoliddin Abudjaparov

Entre los nombres femeninos de origen árabe se encuentran Adolat (justicia), Aziza, E’zoza (respetada), Fotima (nombre de la hija del profeta Mahoma), Hayot (vida), Hilola (media luna), Husnora (hermosa), Iqbola (fortuna, prosperidad), Iroda (voluntad), Jalola (gloriosa), Kamola (virtuosa), Madina (por la ciudad santa de Medina), Maftuna (enamorada), Mahbuba (respetada, amada), Malika, Munira (brillante), Nafisa (excelente), Nasiba (voluntad de Dios), Nodira (apreciada), Nozima (ordenada), Rayhon (albahaca), Shoira (poeta), Umida, Zilola (pura) y Zuhra (Venus).

Llama la atención la frecuencia de algunos nombres no tan comunes en otras partes del mundo islámico, como Islom (Islam) o Muslima (musulmana). En este sentido Uzbekistán es dentro del mundo tradicionalmente islámico uno de los pocos sitios donde Islam es un nombre de persona frecuente, de la misma forma que España es uno de los pocos sitios del mundo tradicionalmente cristiano donde lo es Jesús.

Nombres de origen persa (tayiko)

El territorio del actual Uzbekistán ha sido a lo largo de los siglos un espacio heterogéneo donde se han superpuesto e interrelacionado las culturas persa y túrquica. Aunque la lengua uzbeka pertenece a la familia túrquica su vocabulario posee numerosas voces del persa (identificado en estas tierras como tayiko), y lo mismo sucede con los nombres de persona.

Entre los nombres masculinos de origen persa más comunes se encuentran Bahodir (valiente en las batallas), Bunyod (íntegro, cabal), Farhod (felicidad, conocido por la poesía de Nizami Ganjavi y por el relato de Alisher Navoi), Jamshid (nombre de un legendario rey iranio), o Jahongir (soberano del mundo).

Entre los nombres femeninos de origen persa se encuentran Bahora (primavera), Bonu (princesa), Dilafruz (amable), Dilfuza, Dilnoza (caprichosa), Dilrabo (enamorada), Farangiz (un personaje del Shahname), Feruza (victoriosa, próspera), Lola (tulipán, algunos nombres similares como Hilola, Jalola o Zilola son de origen árabe, y no persa), Mehribon (adorable), Nigora (bella como una pintura), Nigina (preciosa), Nilufar (nenúfar), Pokiza (pureza, misma raíz del nombre de Pakistán), Shahnoza (delicada), Shahzoda (princesa), Shirin (dulce), Shohista (respetable), Sitora (estrella), Zarnigor (cabellos de oro) o Zulfiya (rizosa).

Un apartado especial lo merecen los nombres compuestos con la partícula Gul– o –gul (flor), que son muy abundantes: Gulasal (linda como una flor), Gulbahor (flor de primavera), Gulnora (flor de la granada), Gulnoza (delicada como una flor), Sarvigul (flor del ciprés).

Como curiosidad, a través del persa llegó otro nombre femenino muy popular en Uzbekistán como es Nargiza (narciso), que sin embargo es de origen griego.

Nombres de origen túrquico (uzbeko)

También existen nombres de origen túrquico. Entre los masculinos más frecuentes están Arslon (tigre, o león), Oybek (señor de la Luna), Timur (nombre de Tamerlán), Ulugbek (señor sublime, nombre del nieto de Tamerlán). Algunos tienen que ver con metales, como Kilich (espada), Oltin (oro), Temir (hierro) e incluso Bolta (hacha).

Entre los femeninos estarían Guzal (bella), Sevara (amada) o Yulduz (estrella).

Algunos nombres, ciertamente algo pasados de moda, están formados por verbos. Los más frecuentes son –keldi (ha venido), como en Xonkeldi (“ha venido un kan”), Omonkeldi (ha venido la misericordia), Boykeldi y Keldiboy (“ha venido la abundancia”), o -berdi (ha dado), como en Xudoyberdi (Diosdado, regalo de Dios), o Berdimuhammad (regalo del profeta). La inventiva en estos casos puede llegar a ser sorprendente, como en el caso del nombre masculino Koryogdi (“ha nevado”).

Nombres mixtos

Algunos de los nombres más populares de Uzbekistán son nombres mixtos, ya sea compuestos de un elemento túrquico y otro persa, como Oygul (flor de luna, femenino), o Bekzod (príncipe); o de un elemento árabe y otro persa, como Shohruh (alma sublime, nombre del hijo de Tamerlán), Alisher (de Ali y león, “valiente como Ali”, el nombre del poeta Alisher Navoi).

Costumbres tradicionales y algunos nombres curiosos

En la sociedad tradicional uzbeka, de tipo patrilocal, ha correspondido siempre a la familia del marido, y concretamente a los abuelos paternos, decidir el nombre del recién nacido. No es costumbre que los niños reciban el mismo nombre que sus padres, aunque en ocasiones sí reciben el de sus abuelos. De todas formas, a la hora de decidir el nombre se podían tener en cuenta una serie de factores variados.

En primer lugar está el caso de que la primogénita fuese niña. Lo deseable en las familias tradicionales era tener un primogénito varón, de modo que si este deseo no se cumplía, la pobre primogénita podía quedar marcada con algún nombre que expresase el deseo de ese hijo varón, una costumbre bastante frecuente no sólo en Uzbekistán, sino en muchos otros países y culturas. Umida (esperanza) es uno de los más socorridos en estos casos, pero también hay otros algo más explícitos como Og’iloy (“pequeño hijo varón” y recordemos que es un nombre para niñas).

Otro factor que se tenía en cuenta era el día o el mes de nacimiento. Para los niños nacidos durante el mes de Ramadán es común elegir nombres como Ramazon o Islom si es niño, o Muslima si es niña. Antiguamente a los nacidos en domingo, día del mercado o bazar, se les llamaba Bozorgul si eran niñas y Bozorboy si eran varones. Del mismo modo a los nacidos en viernes (día sagrado en el islam, llamado Juma en uzbeko) se les llamaba Jumaboy y Jumagul.

Si el bebé nace con algún lunar o marca de nacimiento tradicionalmente se le ponía algún nombre con los elementos meng o xol, que significan lunar, o nor, si el lunar es de color rojizo, con la esperanza de que éste desapareciese con el tiempo, como absorbido por su propio nombre. De este tipo serían nombres como Mengli, Norqobil, Normurod, Xolboy, etc.

Si en la familia había fallecido algún niño el nombre del siguiente niño en nacer tendría alguna forma del verbo turmoq (mantenerse en pie), generalmente la forma tursun (“que siga en pie”, “que se mantenga vivo”), que puede aparecer solo como Tursun, o combinado como Tursunali, Tursunboy, o Tursungul, si es niña.

Si el bebé nace tras fallecer su padre, el nombre elegido era Yodgor (recuerdo) y sus variantes: Yodgorboy, Yodgorali o Yodgormirza para varones, y Yodgora, Yodgorgul, Yodgorqiz para niñas.

Si el niño nacía cuando su padre ya había cumplido los sesenta años se le podía llamar Oltmish (sesenta). Si superaba una enfermedad grave se le solía añadir como segundo nombre O’lmas (inmortal). Si el niño que enferma tiene algún nombre considerado “pesado” (los de los profetas coránicos, por ejemplo) tradicionalmente se pensaba que era a causa del nombre, y en ese caso se le cambiaba.

La cantante Sevara Nazarxan

Hay ciertos nombres, hoy caídos en desuso, que hacen referencia a las esperanzas puestas por los padres del recién nacido en una vida de menos penurias, pero que resultan algo chocantes para las nuevas generaciones. Nombres como Qo’zi (corderito), Qo’chqor (carnero) o Tesha (azada). Otros también sorprendentes parecen deberse a la superstición de que un nombre desagradable alejaría al Diablo del tierno infante, son los casos de Piyozbek y Piyozgul (cebolla, en versión masculina y femenina respectivamente) y Sarimsoq (ajo).

Nombres de hermanos… y de gemelos

Es un fenómeno bastante curioso, aunque no exclusivo de Uzbekistán, que los gemelos uzbekos siempre llevan los mismos nombres: Hasan y Husan si son varones y Fatma y Zuhra si son niñas. Hasan y Fotima siempre serán los nacidos en primer lugar. En caso de ser mellizos de distinto sexo, serán pues Hasan y Zuhra si el niño nace primero, o Fotima y Husan si la niña nace primero.

En el caso de los hermanos, es muy frecuente que los padres elijan nombres de resonancias similares, una costumbre extendida entre otros muchos pueblos asiáticos. Por ejemplo pueden tener todos el mismo primer elemento, como en una familia donde los hermanos varones se llaman Abdulaziz, Abdulhamid, Abdulkarim; o las hermanas se llaman Gulnoza y Gulnora, o el mismo segundo elemento, como en una familia cuyos hijos varones se llamaban Fayzullo, Xayrullo, Muradullo y Abdullo; o los hermanos Bekzod y Sherzod. En otras ocasiones son simplemente nombres que riman, como Odil y Obid (para chicos), o que tienen consonantes similares Muhayyo y Mahliyo y Sevara y Saida (para chicas).

Nombres soviéticos

En la época de la URSS, sobre todo en sus primeros años, no eran infrecuentes ciertos nombres “triunfalistas” de tipo soviético, algunos de ellos procedentes de extraños acrónimos. Estos nombres eran más comunes en las repúblicas europeas de la Unión, pero en Uzbekistán no eran tampoco desconocidos, si bien rara vez los llevaban personas de etnia uzbeka. Personalmente he conocido a una persona nacida en los años ochenta llamada Marx, y me han hablado de gente de más edad con el nombre Mels (acrónimo de Marx, Engels, Lenin y Stalin), Traktor, e incluso Traktorbek, y mujeres con los nombres de Oktyabrina (“Octubrina” por la Revolución de Octubre) y Engelsina (por Engels).

Tratamientos

Finalmente es interesante hacer notar que en Uzbekistán cuando se invoca, se nombra o se llama a una persona de más edad rara vez se hace empleando solo el nombre. Si la persona es un poco más mayor se emplearán los tratamientos de aka (hermano mayor) y opa (hermana mayor); y si son bastante más mayores generalmente se preferirá amaki (tío) y hola (tía), independientemente de que se trate de familiares directos o no.

Pronunciación

En general podemos seguir más o menos la pronunciación del español excepto para los siguientes grafos:

– La <h> se pronuncia [h] como en inglés history.

– La <x> se pronuncia [x] como en español jardín.

– La <j> se pronuncia [ʤ] como en inglés jump.

– La <v> se pronuncia [v] como en inglés very.

– La <g> siempre se pronuncia [g] como en español gato.

– La <z> se pronuncia [z] como en inglés zebra.

– El dígrafo <sh> se pronuncia [ʃ] somo en inglés shower.

– El dígrafo <ll> se pronuncia como una <l> reduplicada como en italiano bella.

– La <g’> se pronuncia comoo una [ʁ], similar a la “r” francesa de rue.

– La <q> es una oclusiva uvular sorda [q], se pronuncia como la [k] pero el punto de articulación está en la campanilla y no en el velo del paladar.

Las vocales presentan bastante variación, pero una pronunciación “a la española” será siempre comprensible. La <a> a veces se pronuncia como una [æ] que a oídos hispanohablantes no entrenados puede sonar más como una e que como una a. El grafo <o’> se pronuncia a veces como una [o] y otras como una [ø] similar a la vocal del francés ceux. En otros casos el apóstrofe tras una vocal solamente indica que esa vocal se ha de pronunciar alargada.

Entrada escrita en colaboración con Hilola Ruzieva

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