Política lingüística en Kazajistán

[ver también —-> La lengua kazaja en época soviética]

Hace pocos meses, la prensa española cubrió el desarrollo de las elecciones presidenciales en Kazajistán, y hacía hincapié en que once de los veintidós candidatos habían sido rechazados por no acreditar un nivel suficiente de lengua kazaja. Este incidente parece deberse más bien al interés del gobierno por deshacerse de determinados opositores políticos, pero pone sobre la mesa la delicada situación lingüística de la República de Kazajistán, que trataremos de esbozar sucintamente.

En el momento de la desintegración de la URSS la elección de una lengua oficial supuso un importante problema para las nueva repúblicas centroasiáticas. En vísperas de la independencia el 37,8% de la población de Kazajistán era de etnia rusa, frente a un 39,7% de kazajos. El resto de la población lo formaba una miríada de nacionalidades: uzbecos, ucranianos, alemanes, georgianos, coreanos, chechenos, uygures, etc. Se deseaba fomentar un sentimiento de nacionalidad que pudiese amalgamar a una sociedad tan multiétnica, que además estaba viviendo un auge sin precedentes de los movimientos nacionalistas.

monumento a la República en la plaza homónima de Almaty

La nueva república, que había heredado íntegramente de la URSS todas sus estructuras estatales, se vio obligada a  escoger una lengua que pudiese ser vehículo de esa anhelada unidad interétnica. El ruso era el principal candidato para este cometido, pues era la lengua común de prácticamente todos los ciudadanos. Sin embargo, cargaba con el estigma de haber sido la lengua de la administración zarista y soviética, además de ser la lengua de la recién forjada CEI, en el seno de la cual se pretendía disponer de una prudente libertad de movimientos.

Pero tampoco el kazajo parecía una opción mejor, ya que tan sólo un tercio de la población lo hablaba, los kazajistanís de etnia kazaja eran minoría en el país, e incluso una buena parte de ellos desconocía la lengua (los llamados despectivamente mankurts, o desarraigados).  En 1990 el poeta Temirkhan Medetbekov se lamentaba de esto último, y establecía un paralelismo con las tragedias ecológicas que sufría su país

El espacio de la lengua kazaja ha retrocedido más que el mar de Aral, y su atmósfera está más contaminada y destruida que una planta de producción de uranio tras una explosión nuclear.

Muchos no-kazajos se mostraron desde un primer momento firmemente contrarios a la promoción de la lengua vernácula, temerosos de que con ello se promocionase también una identidad kazaja (étnica) antes que kazajistaní (cívica). Además se temía un éxodo masivo de rusos a su madre patria, como había ocurrido en otras repúblicas que no supieron gestionar bien su condición multiétnica. Es necesario recordar que entre la población de etnia rusa se encontraban la mayor parte de los profesionales cualificados del país.

La Constitución de 1993 proclamó al kazajo como “lengua estatal” (memleket tili), consagrando de ese modo una posición de prevalencia. Además, formulaba el estatus del ruso de forma muy vaga, como “lengua de comunicación interétnica”, lo que ya desde un primer momento originó malestar entre la población rusoparlante, y dio lugar incluso a manifestaciones de protesta en las ciudades norteñas y mayoritariamente rusas de Ust-Kamenogorsk (Öskemen) y Petropavlovsk.

Nazarbayev con niños de las diferentes etnias de Kazajistán en un mural de Almaty

La nueva Constitución de 1995, vigente hoy en día, trató de corregir los errores de la primera y optó por una formulación diferente: el kazajo seguía siendo declarada única lengua estatal, pero se afirmaba que el ruso se emplearía en términos de igualdad en todos los órganos de la administración local y estatal.

De modo que aunque ambas son las lenguas principales del estado, se consagra una distinción entre “lengua estatal” y “lengua oficial”, basada exclusivamente en una proclamación formal de la primera, “lo cual, a pesar de su inferior prestigio entre los ciudadanos, le confiere un estatus de protección especial que garantiza su uso como lengua definidora de la identidad supranacional y el patriotismo kazajistaní, todo ello en un contexto de bilingüismo dominado por el ruso” explica Aliya Kuzhabekova en Past, Present and Future of Language Policy in Kazakhstan. En esta situación, la lengua oficial (el ruso) no disfruta de  ninguna confirmación normativa expresa.

En 1996 se redacta un documento de trabajo denominado Estrategia de una política lingüística en la República de Kazajistán, que adopta como meta “la estabilidad en la comunicación interétnica”, y cuyas disposiciones se verán plasmadas en legislación posterior.

El estudio sociolingüístico en el que se apoya afirma que la situación de la lengua kazaja sigue siendo en muchos aspectos de inferioridad con respecto al ruso. El documento concluye que el kazajo ha de ser la lengua prioritaria en la formulación de todos los actos legislativos, en el trato con la ciudadanía, en el seno de todas las instituciones estatales y el ejército, en la documentación financiera y estadística, en las embajadas y servicios consulares, en los medios de comunicación, en todos los documentos expedidos por el estado y sus administraciones (pasaportes, documentos de identidad, permisos de conducir, certificados de nacimiento y de educación, etc.), en los sellos, logotipos, marcas, anuncios e información pública de las administraciones.

Además, en un punto más importante y controvertido, proponía que un nivel mínimo de conocimiento del kazajo fuese requerido para optar a puestos de trabajo en las administraciones públicas.

Instaba por otra parte al Estado a crear las condiciones para su adquisición universal, garantizando, en los niveles educativos, “un nivel suficiente para una comunicación satisfactoria en las esferas interpersonal, laboral y oficial”. Al mismo tiempo proponía facilitar el aprendizaje a todo ciudadano adulto, mediante el desarrollo de métodos y materiales nuevos, a la vez que preveía la formación de intérpretes y traductores en número suficiente para trabajar en todas las instituciones del estado.

El documento concluía sus recomendaciones sobre la llamada “lengua estatal” asignando al estado el papel de “corregir la actual jerarquía de lenguas en la dirección del desarrollo y mantenimiento prioritario de la lengua estatal”, marcándose como objetivo que su prestigio creciese hasta hacer del kazajo una necesidad vital para cualquier ciudadano del país y un elemento definitorio del patriotismo kazajistaní. Como manifestó más tarde el ministro de cultura Mukhtar Kul-Mukhammed, haciéndose eco de este espíritu, “es necesario que el kazajo empiece a ser visto como sinónimo de éxito, libertad, sofisticación y ventajas profesionales.”

Por lo que respecta al ruso, seguiría cumpliendo las mismas funciones comunicativas que hasta ese momento, a la par y en pie de igualdad con el kazajo. Además seguiría siendo la principal fuente de información en muchos campos de la ciencia y la tecnología, amén del medio de comunicación con los países de la CEI.

Aleksander Vinokúrov, célebre ciclista kazajistaní de etnia rusa

Con todos estos mimbres se aprobó en 1997 la Ley de lenguas, y en 2001 el Programa para el desarrollo y funcionamiento de las lenguas durante el período 2001-10, que recogían prácticamente todos los puntos del documento.

El propio título de la Ley de lenguas ilustra a la perfección el conflicto: en el título de la versión rusa, “Sobre las lenguas en la República de Kazajistán” quedaba claro el número de lenguas al que se refería, mientras que en la versión kazaja, dadas las peculiaridades del idioma, el título podía entenderse tanto en singular como en plural, “Sobre la lengua…” El contenido era el mismo, pero la forma kazaja del título permitía interpretar que la ley regulaba una sola lengua, el kazajo como lengua del Estado.

El conocimiento del kazajo se incluye como requisito para el acceso al trabajo en la Administración, algo que en la práctica rara vez se exige, sobre todo en las provincias con mayoría de rusohablantes. La planificación lingüística, de la que hablaremos en otro momento, está encomendada al Departamento de Desarrollo Lingüístico, dependiente del empalagoso y casi orwelliano Ministerio de Cultura, Información y Armonía Social.

Los medios de comunicación están obligados a emitir al menos un 50% de su programación en kazajo, y aunque en un principio los medios privados relegaban esas emisiones a las horas de menor audiencia, en los últimos años se observa un cambio en esta tendencia. Además el estado ha puesto en marcha campañas de normalización como ésta en las que personas de etnia rusa o celebridades animan a aprender y utilizar el kazajo.

Otra de las medidas que se tomaron en los primeros diez años tras a independencia, y que tuvo en cuenta también los objetivos de la planificación lingüística, fue el cambio de la capital desde Almaty a Astana en 1998. Entre otros motivos (algunos no declarados) se pretendía con ello evitar que las poblaciones kazajohablante y rusohablante se polarizasen geográficamente entre un sur y oeste kazajos, y un norte y este rusos.

Astana

Al mismo tiempo se emprendió una reforma de la toponimia  y se permitió el cambio de los sufijos patronímicos eslavos -ov, -ova, -ev, -eva por sus correspondientes kazajos -uly y -qyzy

En general se ha constatado un aumento del interés por la lengua entre los no-kazajos, animado por las nuevas posibilidades laborales que ofrece, así como un incremento de su uso en las ciudades. Este interés se manifiesta en la popularidad de los cursos de lengua que ofrecen los principales periódicos, y en la televisión, como el espacio Tilasar, que presenta unidades didácticas en torno a temas y situaciones modernas, más kazajistanís contemporáneas que kazajas tradicionales.

Algunos expertos perciben un futuro moderadamente halagüeño para la vitalidad del kazajo. Por ejemplo, Fierman señala que la ideología oficial tras la independencia parece contar con un gran apoyo entre la población, que la población kazaja aumenta sensiblemente con respecto a la eslava, y que Kazajistán es un país relativamente rico y en pleno crecimiento, que se va a poder permitir la puesta en marcha de políticas ambiciosas de planificación lingüística.

También O’Callaghan, tras estudiar los casos de Irlanda, Noruega y Kazajistán, añade otra razón para explicar la creciente vitalidad del kazajo: el éxodo rural, que está provocando una lenta pero intensa kazajización de las ciudades, a lo que suma la influencia de la capital Astana, moderna e importante fuente de prestigio de la lengua vernácula.

Muchos autores opinan que el gobierno de Nursultan Nazarbayev ha obrado de una manera muy firme hacia el establecimiento del kazajo como lengua de la identidad kazajistaní, pero que lo ha hecho con un tiento y una cautela ejemplares, postponiendo la hegemonía del kazajo a la siguiente generación, y evitando así una agudización de las tensiones étnicas.

El propio Nazarbayev se ha manifestado en diversas ocasiones contrario a despojar al ruso de su primacía. El 13 de octubre de 2004 afirmaba de manera inequívoca en el diario Kazakhstanskaia Pravda:

La lengua rusa es la que une a nuestra nación, a todos nuestros ciudadanos. Las cosas se han desarrollado así históricamente y no hay que culpar a nadie. El kazajo va a necesitar tiempo para llegar cumplir ese papel unificador, y no hay que precipitar las cosas.

En cualquier caso, el problema de las lenguas en Kazajistán parece lejos de haber encontrado una solución satisfactoria. Por una parte, un sector del nacionalismo kazajo más recalcitrante considera que es demasiado pronto para promocionar una identidad cívica kazajistaní (aun con el objetivo de que se articule en torno a la lengua kazaja), ya que opinan que esta identidad, en las condiciones actuales, tomará forma con el ruso como lengua, ya que es hoy por hoy la única universalmente conocida en el país.

Por otro lado, pende siempre sobre las minorías no kazajas (que ya constituyen menos de la mitad de la población) el peligro de una aceleración en la política de promoción y de la exlusión social que en su opinión llevaría aparejada. Si bien hasta ahora se ha implementado de manera bastante laxa, optando por la persuasión antes que la coerción, algunos denuncian una discriminación étnica en el ámbito laboral y muchos no dudan en afirmar que la política en favor del kazajo es una invitación encubierta a un éxodo masivo de no-kazajos.

La principal arena de este combate de las lenguas es, como no podía ser de otra manera, la educación. La apuesta de las autoridades públicas por las escuelas kazajas es innegable, y muchas voces se han alzado en algunas regiones para denunciar la conversión de escuelas rusas en escuelas kazajas, amparada en la decreciente demanda, pero que está limitando, dicen, el derecho de los rusos a recibir educación en su lengua materna.

Sin embargo la enseñanza del ruso sigue siendo obligatoria en la escuela primaria y secundaria, y la educación en ruso en todos los niveles es mayoritaria en un país que también cuenta con 80 escuelas uzbecas, 14 uygur, y una ucraniana, alemana, turca y tártara, donde se puede cursar toda la enseñanza primaria y secundaria. Además, en determinadas escuelas, se pueden estudiar hasta catorce lenguas minoritarias del país, que incluyen, aparte de las ya mencionadas, el coreano, el azerí, el polaco, el checheno, el kurdo, el griego e incluso la lengua dungan.

La investigadora Jyldyz Smagulova ve varios factores para creer en una no agudización del conflicto a corto plazo, entre ellos la débil estratificación étnica de la sociedad kazajistaní, la espléndida vitalidad del ruso y la actitud positiva hacia él que se percibe en buena parte de la intelectualidad kazaja.

Con todo, en breve se anunciará una nueva ley de política lingüística, un programa de una república ya plenamente consolidada en su independencia, y que podría entrar en vigor en 2013 y traer cambios importantes, como por ejemplo decretar la exclusividad del kazajo en las relaciones de los ciudadanos con la administración. Del contenido de este nuevo programa se podrán sin duda intuir los derroteros que tomará el panorama lingüístico kazajistaní a medio y largo plazo.

Más información

Language use and language policy in Central Asia (K.Aminov, 2010)

The role of language in the formation of national identity in post-Soviet Kazakhstan (Ipek Doğanaksoy, 2008)

Language planning policies in post-Soviet Kazakhstan (Işıl Güney, 2007)

Nation-building and language standardisation in Kazakhstan (Pål Kolstø)

Demographics and Language Politics in the 1999 Kazakhstan census (Bhavna Dave, 2006)

Kazakh language and prospects for its role in Kazakh “groupness” (W. Fierman, 2005)

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