La toma de Constantinopla en la literatura oral

La conquista de Constantinopla por parte de los otomanos el 29 de mayo de 1453 fue un acontecimiento sumamente traumático para la intelectualidad de la Europa cristiana.

Sitio de Constantinopla en un manuscrito del s.XV

El arzobispo de Siena, Enea Silvio Piccolomini, que más tarde se convertiría en el papa Pío II, calificó el acontecimiento como “la segunda muerte de Homero y Platón”. La consternación que se produjo quedó reflejada, en forma de “plantos” o lamentos, en numerosas obras literarias compuestas en infinidad de lenguas, desde el armenio al catalán, pasando por supuesto por el latín y el griego.

Tal vez en el futuro dedicaremos una entrada de este blog a esas obras, pero lo que ahora nos interesa es la huella que dejó la caída de Constantinopla en la literatura popular, sobre todo en la griega. Leyendas y canciones transmitidas oralmente de generación en generación, que fueron recogidas por los primeros folcloristas a principios del s.XIX, y que en cierto modo han pervivido hasta nuestros días.

En el folclore griego

Lo que caracteriza a la mayor parte de estas leyendas y canciones es la confianza que muestran en que algún día la ciudad volverá a manos cristianas, algo que contrasta con las composiciones cultas sobre el mismo tema.

Un motivo recurrente en muchas narraciones es la incredulidad acerca de la conquista, ya que se consideraba a Constantinopla como una ciudad completamente inexpugnable. Una leyenda cuenta que un monje se encontraba friendo unos peces cuando recibió la noticia de que los turcos habían entrado en la ciudad.  “Jamás los turcos pondrán el pie en Constantinopla”,  exclamó, “sólo me lo creeré si estos peces que estoy friendo vuelven a la vida”, dicho lo cual los peces saltaron de la sartén y se lanzaron a un riachuelo cercano.

Fresco del sitio de Constantinopla en el monasterio de Moldoviţa (Rumanía)

Y la leyenda dice que todavía hoy viven en una fuente del barrio de Balıklı, donde esperan a que la ciudad vuelva a estar en manos griegas y llegue otro monje para terminar de freírlos. En otras versiones es el propio emperador quien está friendo los peces; o en lugar de peces es un gallo el que sale del horno a medio asar.

En realidad estas leyendas son, nunca mejor dicho, un refrito de otras mucho más antiguas. El tema de los peces se encuentra ya en Heródoto de Halicarnaso, y el del gallo en el Evangelio apócrifo de Nicodemo, referido a la incredulidad de los hebreos ante la resurrección de Jesús.

Otro de los elementos recurrentes en la literatura oral sobre la toma de la ciudad es la figura del último emperador, Constantino XI Paleólogo. La suerte que corrió en aquella jornada aciaga no se conoce con certeza. En los relatos de algunos cronistas históricos (cierto es que los menos rigurosos, como el veneciano Nicola Sagundino o Nestor Iskender) se asegura que el emperador murió junto a la puerta de San Romano, peleando cuerpo a cuerpo contra los invasores.

Constantino XI Paleólogo

Este supuesto fin heroico inspiró muchos relatos populares. Uno de ellos, recogido por el folclorista E. Legrand de boca de un griego a mediados del s.XIX, dice

Murió peleando solo, montado en su caballo cuatralbo. Mató a diez pachás y sesenta jenízaros antes de que su lanza se rompiese y se astillase su espada, y no hubiera nadie para socorrerle. Alzó sus ojos al cielo y exclamó “Dios todopoderoso, creador del mundo, ten piedad de tu pueblo, ten piedad de Constantinopla”. Entonces un turco le golpeó en la cabeza y el pobre Constantino cayó de su caballo y quedó tirado en el suelo, cubierto de polvo y sangre. Le cortaron la cabeza, la clavaron en la punta de una lanza, y enterraron su cuerpo bajo un laurel.

La ubicación de la tumba del último emperador bizantino también fue objeto de leyendas entre la población griega de la ciudad. Según éstas, su última morada se encontraría en la antigua iglesia de Santa Teodosia (hoy Mezquita Gül), o en la propia Santa Sofía, aunque la mayoría coinciden en ubicarla en el barrio de Vefa, junto a la tumba del soldado turco que le dio muerte.

Pero sin duda las leyendas más extendidas y hermosas acerca del último emperador son aquellas que aseguran que en realidad no está muerto, sino que justo en el momento en que un turco se disponía a pegarle un espadazo mortal, un ángel vino en su ayuda y se lo llevó a una gruta.

El rey de mármol

Según estas leyendas, Constantino quedó convertido en piedra y lleva siglos esperando a que el ángel vuelva para despertarlo y entregarle de nuevo su espada. Cuando lo haga, el emperador entrará triunfalmente por la Puerta de Oro de la ciudad, expulsará a los turcos y los perseguirá hasta el Manzano Rojo, el lugar legendario donde la imaginación popular sitúa la cuna del pueblo turco. Según esta leyenda los turcos intentaron por todos los medios encontrar la gruta, pero no han podido dar con ella, así que por lo menos han tapiado la Puerta de Oro por la que se supone que entrará el emperador el día que despierte (este último elemento es cierto, ya que la Puerta de Oro está tapiada desde el s.XVI).

Esta leyenda del rey durmiente, o “rey de mármol” (marmaromenos vassilias) sigue muy presente en el imaginario griego, y ha seguido inspirando hasta nuestros días a numerosos poetas, como Giorgos Viziinos o Kostis Palamas.

En realidad se trata de una variante del cuento de “El rey bajo la montaña” o el “héroe durmiente”, el tipo 766 en la clasificación de cuentos de Aarne-Thompson, en la que un héroe se ve condenado a dormir en algún lugar remoto hasta que llegue la hora propicia para regresar a su mundo y retomar su poderío. Es una leyenda que se cuenta de personajes como el rey Arturo, o el imán Mehdi de los chíies, y de muchos otros personajes inequívocamente históricos, como Federico Barbarroja o el rey Sebastián I de Portugal.

En muchas versiones de este cuento se hace hincapié en que si el emperador aún no ha regresado es porque todavía no es la hora propicia. Se dice que si un cristiano se acerca a la Puerta de Oro (en otras versiones es la iglesia de Santa Teodosia) podrá oír una voz murmurar “Aún no ha llegado el momento. La hora no ha sonado aún”.

Campesinos griegos de la isla de Lemnos

En este sentido es muy curiosa otra variante recogida en 1922 entre los griegos de la ciudad turca de Manisa, que dice así:

Nosotros teníamos un Rey, fue hecho prisionero por los turcos cuando vuestro sultán conquistó Constantinopla. Este Rey no murió. Se escapó de la prisión y se escondió en algún lugar. Se encogió, se hizo tan menudo como una avispa. Descansa sobre algodón, en una cesta colgada del techo de su refugio. Una vez al año, se levanta y pregunta a la gente “¿todavía se celebra la fiesta de la calabaza en Manisa? “Sí” le responden. “¿El gran plátano de la plaza de la mezquita nueva sigue ahí?” “Sí”, le responden. “las madres turcas siguen teniendo hijos?” “Sí”, le responden. Y entonces se echa a llorar y dice “Tengo que seguir esperando”.

Otro de los elementos que figura en más piezas de la tradición oral es la basílica de Santa Sofía. Ya desde hacía siglos circulaban numerosas leyendas en torno a su fundación, y era inevitable que surgiesen otras nuevas una vez ocurrió aquello que parecía imposible, su transformación en mezquita.

Nikolaos Politis

Según una tradición panhelénica una cruz luminosa apareció en su cúpula poco después de la conquista otomana. Los turcos trataron de hacerla desaparecer, pero no lo consiguieron. Otra leyenda se refiere al destino que corrió el altar mayor, aunque casi sin duda se inspira en el saqueo que sufrió la ciudad en 1204 a manos de los cruzados. Así la recogió en el s.XIX el folklorista Nikolaos Politis (traducida al castellano por Eusebi Ayensa):

El día que fue tomada la ciudad cargaron en un barco el altar de Santa Sofía para enviarlo a la tierra de los francos y que así no cayera en manos de los turcos. Allí, sin embargo, en el mar de Mármara, se abrió el casco de la nave y el altar se hundió en el mar. Desde entonces aquel lugar es famoso por su paz y por el delicioso aroma que exhala, el agua está siempre tranquila, como si fuera aceite, por más que haya tormentas y olas a su alrededor. Muchos incluso han tenido la suerte de ver el altar sagrado en el fondo del mar. Así cuando reconquistemos la Ciudad, éste será recuperado y llevado nuevamente a Santa Sofía para celebrar en él la fiesta de la reconquista.

Y otra leyenda habla de la última misa celebrada en el templo, que quedó inacabada…

Cuando los turcos entraron en Santa Sofía, aún no había terminado la liturgia. De repente, el sacerdote que oficiaba la misa cogió el cáliz, subió a la catecumenia y entró por una puerta que se cerró tras de sí. Los turcos que lo perseguían vieron cómo desaparecía y encontraron ante sí un muro. Intentaron demolerlo con sus armas, pero no pudieron. Hicieron venir a unos albañiles pero ellos tampoco pudieron hacer nada. Finalmente, llamaron a todos los albañiles de Constantinopla […] pero todos sus esfuerzos fueron inútiles. Ni con palancas ni con todas sus herramientas consiguieron demoler aquel muro. Y es que es voluntad de Dios que la puerta se abra sola cuando llegue el momento, y salga por ella el sacerdote para acabar la misa el día que recuperemos Constantinopla.

Tal vez la canción más popular sobre este tema, es la llamada “Planto de Santa Sofía”, conocida a lo largo de todo el mundo griego y que inspiró en su momento a autores como Constantino Cavafis. Una versión recogida a principios del s.XIX por el folclorista francés Claude Fauriel, y traducida por Eusebi Ayensa, dice así

¡Han tomado la ciudad, la han tomado, han tomado Salónica!
Han tomado también Santa Sofía, el gran monasterio,
con trescientos carillones y sesenta y dos campanas,
cada campana un sacerdote, y cada sacerdote un diácono.
Al sacar los ornamentos, y con ellos al Rey del Mundo,
les llegó una voz del cielo, de boca de los ángeles:
-“Dejad la salmodia, y guardad los ornamentos,
y enviad un mensaje a la tierra de los francos para que vengan
.                                                                             [y se los lleven
para que se lleven la cruz de oro y el santo evangelio
para que se lleven el altar sagrado y que así no nos lo mancillen”.
Al oírlo nuestra Señora, lloraron sus iconos:
-“Callad, madre y Señora, callad y no lloréis más,
que con los años, con los tiempos, volverá a ser vuestra”.

En el folclore búlgaro 

En la tradición oral búlgara también aparece el tema de la caída de Constantinopla. No sorprende que sea así, ya que como en el caso de la tradición griega, lo que se trata de expresar es la consternación ante la pérdida de la capital de la Cristiandad oriental. Por eso en la tradición búlgara no hay ningún tipo de extrañamiento étnico.

Iglesia bizantina en Nesebar, Bulgaria

El emperador Constantino a veces es un rey búlgaro, y en muchas ocasiones se confunde a Constantino Paleólogo con el primer Constantino, el fundador de la ciudad. Los temas y los motivos búlgaros se confunden con los griegos. La filóloga Stefana Stoicova identificó un relato arquetípico que sería básicamente así:

“El rey Constantino era vanidoso, entraba a caballo en la iglesia y comulgaba a caballo, tomando la hostia con la punta de su lanza. Dios se enfadó por ello e hizo agitar el mar Negro y el mar Blanco, y mandó a un halcón a que llevase un mensaje al emperador. Pero nadie podía entender ese mensaje, ni el emperador ni ninguno de los 300 popes que fueron convocados para ello. Sólo el pope Nicolás fue capaz de descifrarlo y lo anunció así a todos los presentes: el reino de Constantino había terminado y a partir de ahora empezaba el de los turcos.

El rey dijo que sólo creería ese vaticinio si los peces que se estaban friendo en la cocina volvían a la vida. Y así fue, los peces saltaron de la sartén hasta una fuente cercana. El rey se lanzó entonces a luchar contra los invasores, pero el pope Nicolás le convenció de que era una insensatez, ya que Dios estaba de parte de los turcos. Entonces emprendió la huida disfrazado, pero cuando estaba desprevenido bebiendo en una fuente, su propio criado le cortó la cabeza y la envió al sultán, mientras el cuerpo del emperador seguía corriendo y atravesando hasta nueve aldeas.”

Finalmente el cuento relata que el sultán se enfadó y ordenó matar al criado, ya que él quería al rey vivo, porque así habría un traspaso de poderes legítimo, algo que garantizaría el dominio turco para siempre. Sin embargo de aquel modo lo que se garantizaba era un final sangriento, pues “lo que se conquistó con sangre, con sangre se perderá”.

En el folclore turco

También en el folclore turco existen leyendas referidas a la conquista de Constantinopla, que en muchos casos se refieren a profecías cumplidas, y señalan la superioridad del islam y lo inevitable de que la ciudad cayese en manos de los musulmanes. Según una de ellas, recogida por el folclorista Pertev Naili Boratav, vivía en Constantinopla un santo varón llamado Cibali, que a pesar de ser musulmán era muy venerado por los cristianos, pues entre otras cosas les había enseñado a calcular la fecha de la Pascua, algo que los sacerdotes cristianos habían olvidado por completo. Además el emperador lo colmaba de cuidados y favores, ya que sus astrólogos habían predicho que el día que muriese Cibali, la ciudad caería en manos de los turcos.

El sultán Mehmet II conquistador de Constantinopla

Se cuenta que durante el sitio de la ciudad, el venerable Cibali pedía a Dios que protegiese a sus queridos cristianos, mientras con sus manos detenía las balas de los cañones turcos, y las lanzaba al Cuerno de Oro. El sultán turco, viendo estos prodigios, también rogaba por su parte: “Dios mío, toma su alma o la mía”. Hizo llamar a los religiosos más notables para que rezasen todos juntos, y mientras recitaban la azora de Fatiha, Cibali falleció. Y así fue cómo el ejército del sultán pudo conquistar la ciudad de Constantinopla.

En otras tradiciones

Boratav recogió alguna variante de la leyenda de Cibali entre los armenios de Turquía. En la tradición oral de los eslavos del sur (serbios, croatas y eslovenos) el tema de las invasiones turcas es recurrente y muy productivo, sin embargo no he tenido noticia de ninguna leyenda, canción o romance que se refiera específicamente a la conquista de Constantinopla.

En el folclore albanés parece que el episodio se menciona someramente en algunos relatos y baladas referidos al héroe nacional Skanderbeg, y por lo que respecta a la tradición oral rumana no he encontrado nada salvo el título de un artículo del bizantinista Vasile Grecu, que es precisamente “La chute de Constantinople dans la littérature populaire roumaine” pero que se encuentra en una oscura publicación checa de los años cincuenta a la que desgraciadamente no tengo acceso…

En la tradición oral irlandesa se encuentra una mención a Constantinopla y una extraña referencia a la presencia turca en la ciudad en el romance de Conall Gulban.

Y en España, Paloma Díaz-Mas publicó un interesantísimo trabajo titulado “Eco de la caída de Constantinopla en las literaturas hispánicas” donde constata que en la tradición oral, el romancero, no aparece en ningún momento el tema de la conquista turca, aunque no descarta que pudiese haber existido en algún momento y luego se perdiese.

Bibliografía

– Alexiou, Margaret, Dimitrios Yatromanolakis, y Panagiotis Roilos. The Ritual Lament in Greek Tradition. Rowman & Littlefield, 2002.
– Ayensa, Eusebi. “La caída de Constantinopla y su recuerdo en la tradición popular griega” en Constantinopla 1453: mitos y realidades. CSIC, 2003.
– Beaton, Roderick. Folk Poetry of Modern Greece. Cambridge University Press, 2004.
– Carnoy, Henry  y Jean Nicolaïdes. Folklore de Constantinople, 1894.
– Dēmaras, Kōnstantinos. A History of Modern Greek Literature. SUNY Press, 1972.
– Nicol, Donald M. The Immortal Emperor: The Life and Legend of Constantine Palaiologos, Last Emperor of the Romans. Cambridge University Press, 2002.
– Pertev Naili Boratav. «De quelques légendes turco-byzantines». En Αφιέρωμα στον Νίκο Σβορώνο / εκδοτική επιτροπή: . Vol. 1. Rétino: Πανεπιστήμιο Κρήτης,, 1986.
– Politis, Nikolaos. Canciones populares neogriegas. Traducción, introducción y notas de Román Bermejo López-Muñiz. Universidad de Valladolid, 2001.
– Stoicova, S. «La chanson de la chute de Constantinople dans le folklore bulgare». Balkan studies 25, no. 2 (s. f.): 475-483.
Esta entrada fue publicada en Balcanes, Estambul, Imperio Bizantino, Imperio Otomano, literatura. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La toma de Constantinopla en la literatura oral

  1. yusuf dijo:

    Recomendable la novela de Mika Waltari “El Sitio de Constantinopla”
    Estupendo blog.

  2. Buscaba información y como siempre me encuentro con uno de tus relatos🙂. En el caso concreto del famoso pez de Balikli me recuerda a la leyenda del gallo de Barcelos, no se si esta coge la inspiración de la anterior pero es curioso las similitudes. un saludo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s