Los nombres de los turcos

Ver también —> Los apellidos de los turcos

Zeynep las chicas y Mehmet los chicos. Aunque nos suenen extraños, estos dos nombres de origen árabe son los más populares en Turquía, por lo menos durante los últimos sesenta años. Son los equivalentes de lo que en otro tiempo fueron en España “Carmen” y “José” (y que ahora tal vez sean Jennifer y Johnatan). Tales son los datos que ofrece el Instituto de Estadística Turco (TÜIK) sobre los cien nombres masculinos y femeninos más comunes cada año, desde 1950 hasta 2010. Vamos a echarle una ojeada, ordenándolos en función de su origen, para ver qué tipo de nombres llevan las gentes de Turquía.

Zeynep Üçbaşaran, célebre pianista turca

A lo largo de todo el periodo del que disponemos datos la mayoría de nombres de persona es de origen árabe-semítico, tomados principalmente del stock coránico: así para hombres Mehmet (el nombre turco del profeta Mahoma), y sus variantes Ahmet, Mahmut, Mustafa, y la forma directamente en árabe Muhammed, que últimamente se ha puesto de moda. También los nombres de los profetas İbrahim (Abraham), İsmail, Yakup, Yusuf (José),  Musa (Moisés), İsa (Jesús), Süleyman (Salomón), Abdullah, los nombres de los primeros califas Ömer, Ali, Hüseyin, Osman, y otros también de origen árabe como Fatih (“conquistador”) Murat, Ramazan, Bilal, o Kerim, nombre que recientemente se ha hecho famoso en algunos países hispanos gracias a la televisión y que significa “generoso”.

Entre los principales nombres femeninos de origen árabe-semítico figuran Zeynep, Ayşe, Meryem (María), Emine, Elif (primera letra del alfabeto árabe y uno de los nombres más populares en Turquía), Esra, Hatice (primera esposa de Mahoma), Leyla o Yasemin.

Algunos nombres son compuestos entre un elemento árabe y otro persa o turco, como en el caso de Fatmagül, convertido en célebre en el mundo hispanohablante por la famosa serie de televisión. Se trata de un compuesto entre Fatma, nombre árabe que sorprendentemente significaba en su origen “mujer que desteta a su hijo”, o “que se abstiene” (es el nombre de una de las hijas de Mahoma); y Gül, voz de origen persa que significa “rosa” y que se encuentra muy presente en otros nombres populares compuestos de Turquía como Aslıgül, İlgül, Nesligül, o Sarıgül.

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Pero no todo son nombres de origen árabe-semítico, también son muy populares los de origen turco. El significado de muchos de estos nombres es “transparente” en turco, es decir, se corresponde a formas de la lengua cotidiana (ejemplos de nombres transparentes en español serían los nombres “Mar”, “Paz” o “Amable”), otros en cambio no tienen un significado evidente a primera vista para los turcohablantes.

Entre estos nombres de origen turco los más populares para hombres son Hakan, Orhan, Emre, Burak, Eren, Özgür (“libre”), Umut (“esperanza”) y Barış (“paz”), pero también, aunque no tan popular, Savaş (“guerra”). No es nada extraño que dos hermanos se llamen Guerra y Paz.

Para mujeres Özlem (“deseo”, “anhelo”), Burcu, Duygu (“sentimiento”), y muchos nombres relacionados con el agua: Damla (“gota de agua”), Cansu (“agua de vida”), Pınar (“manantial”), Yağmur (“lluvia”), así como Deniz (“mar”) que es un nombre muy popular tanto para mujeres como para hombres. Nehir (“río”) también es un nombre femenino que aparece con relativa frecuencia, aunque en este caso es de origen árabe.

Aunque no sean los más populares, otros no dejan de ser curiosos por lo evocador de su significado: para chicas Gizem (“misterio”), Seda (“voz” o “eco de una voz”), Alev (“llama de fuego”), Ezgi (“melodía”), Dilek (“deseo”), o el algo menos sutil Yeter, un nombre típico en otro tiempo de hermanos pequeños, tanto hombres como mujeres, y que significa literalmente “¡basta ya!”

Ciertos estudios de onomástica muestran algo que era esperable, y es que, aunque los nombres árabes nunca han dejado de ser mayoritarios, el uso de nombres de persona turcos aumentó notablemente tras la fundación de la República de Turquía . La voluntad de ensalzar el espíritu nacional mediante los nombres de persona llevó en algunos casos a utilizar los de antiguos soberanos de Asia Central, aunque su turquidad estuviese discutida. Es el caso de Cengiz (por Gengis Kan), Kubilay, Timur (por Tamerlán) o incluso Atilla, aunque estos tres últimos no aparecen en ningún momento entre los cien más populares.

De cualquier forma, en Turquía sigue existiendo en cierta medida la antigua costumbre de dar dos nombres a los hijos. El primero se denomina en turco göbekadı, algo así como “nombre umbilical”, el nombre que tradicionalmente se pronunciaba al cortar el cordón umbilical y que solía ser de tipo religioso. Junto a este, se empleaba en el día a día un segundo nombre, más informal, que podía ser de muchos tipos y que, antiguamente, podía incluso cambiar a lo largo del tiempo, por ejemplo tras la circuncisión. Hoy en día no es infrecuente que el nombre umbilical sea de origen árabe, y el segundo, el utilizado habitualmente por la persona, de origen turco.

Mehmet Topal, futbolista turco del Valencia CF

De entre los nombres de origen turco que eran populares en el s.XVI, y que conocemos gracias a los registros de impuestos otomanos (ver la bibliografía), tan sólo unos pocos figuran en estos top 100 anuales de los siglos XX-XXI. Es el caso de Aydın (“luminoso”), Doğan (“halcón”) y Mertcan, para hombres; o Safiye para mujeres, pero no son, ni mucho menos, lo más populares hoy en día.

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Aparecen también entre los más frecuentes bastantes nombres de origen persa, muchos de los cuales son palabras comunes en turco, por ejemplo los nombres femeninos Ebru, Arzu (“deseo”), Bahar (“primavera”); así como alguno de origen griego, como Melisa.

Un caso aparte son los nombres de origen kurdo. En las listas del TÜIK aparecen algunos como Berfin, Dilan y Rojin (femeninos), o Diyar (masculino). De todas formas se trata de un asunto controvertido, puesto que durante bastante tiempo los nombres kurdos han estado prohibidos en Turquía, y aún hoy siguen existiendo ciertos problemas para registrarlos.

Senem Aslan, que ha estudiado este tema en Incoherent State, the Controversy over Kurdish Naming in Turkey, señala que la postura del estado turco sobre los nombres kurdos no ha sido siempre monolítica y de abierta oposición. La vaga formulación de las normas relativas a los nombres de persona, que se limitaban a exigir que los nombres fueran conformes a “la cultura nacional”, supuso que en muchas ocasiones las decisiones sobre casos concretos recayesen en los funcionarios del registro locales, y la presencia de varios nombres kurdos en las listas de los cien más populares es muestra de que la prohibición no siempre fue total.

Sin embargo en determinados momentos, sobre todo tras 1980, la actuación de las autoridades sobre este asunto, como en tantos otros relacionados con la minoría kurda, fue cualquier cosa menos suave. Baste mencionar un ejemplo: todavía en 2002 dos hombres fueron juzgados por el Tribunal de Seguridad del Estado (el equivalente a la Audiencia Nacional española en Turquía) acusados de separatismo y de colaboración con banda terrorista a través de la propaganda, sólo por querer poner nombres kurdos a sus hijos recién nacidos.

Desde que Turquía inició las negociaciones sobre su ingreso en la UE, en 2004, la situación de la minoría kurda parece haber mejorado ligeramente en todos los ámbitos, y el de los nombres de persona no es una excepción. Hoy en día se están aceptando incluso nombres que contienen grafías ajenas al alfabeto oficial, como son <q> <x> y <w>, un auténtico tabú en otro tiempo, aunque de todas formas el registro de nombres sigue dependiendo en gran medida de la discreción de unos funcionarios que no siempre están muy de acuerdo con la postura aperturista del gobierno.

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En otro momento dedicaré una entrada a los apellidos turcos, que son aún más interesantes que los nombres, pero antes de terminar quiero recomendar un artículo obra del sociólogo francés Baptiste Coulmont junto con Elifsu Sabuncu, Des prénoms à la mode en Turquie, donde, con los datos del TÜIK que hemos presentado aquí, tratan de establecer patrones y señalar algunas causas de la frecuencia y popularidad de los nombres en Turquía, y donde demuestran que el fenómeno de las modas de los nombres de persona no es exclusivo de los países occidentales.

El top 10 de nombres para los nacidos en 2010:

femeninos masculinos
1 Zeynep Yusuf
2 Elif Mustafa
3 Yağmur Mehmet
4 Ecrin Ahmet
5 Nisanur Arda
6 İrem Berat
7 Zehra Muhammed
8 Eylül Enes
9 Nehir Yiğit
10 Azra Furkan

Más información

–  Diccionario de nombres de persona del Instituto de la Lengua Turca. Disponible aquí.
–  Los datos del TÜIK: para hombres y para mujeres.
– Aslan, Senem. “Incoherent State: The Controversy over Kurdish Naming in Turkey.” European Journal of Turkish Studies, no. 10. State-Society Relations in the Southeast (December 29, 2009).
– Bulliet, Richard W. “First Names and Political Change in Modern Turkey.” International Journal of Middle East Studies 9, no. 4 (November 1, 1978): 489-495.
– Coulmont, Baptiste y Sabuncu, Elif. “Des prénoms à la mode en Turquie” publicado online, 2011.
– Kurt, Yılmaz. “1525 tarihinde Adana sancağında türkçe kişi adları üzerine” Bal-Tam Türklük Bilgisi 2, 2005.
– Spencer, Robert F. “The Social Context of Modern Turkish Names.” Southwestern Journal of Anthropology 17, no. 3 (October 1, 1961): 205-218.
– Whitcher, Ursula “Sixteenth-Century Turkish Names” publicado online.
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Los turcos y la media luna

La media luna se considera, sobre todo en Occidente, el símbolo musulmán por excelencia. En cierto modo es así, prueba de ello es que corona los minaretes de miles de mezquitas a lo largo y ancho del mundo.  ☪

Minarete de la mezquita dungan de Karakol, en Kirguistán

Figura también, junto con una estrella, en la bandera de Turquía y en la de otros países tradicionalmente musulmanes, como Túnez o Pakistán. En muchos cementerios civiles de todo el mundo la media luna se emplea para señalar las tumbas de musulmanes, de la misma manera que se utiliza la cruz para los cristianos o la estrella de David para los judíos. Incluso existe una Media Luna Roja, que es el equivalente a la Cruz Roja en los países de mayoría musulmana.

Sin embargo no es un símbolo universalmente aceptado por todos los musulmanes. Por ejemplo, la media luna que corona los minaretes (que en turco se denomina alem) es completamente desconocida en Irán, y al parecer en Asia Central sólo se generalizó a partir de la conquista rusa. Por otra parte tampoco es un símbolo exclusivamente musulmán ya que su uso se remonta muy atrás en el tiempo, y hoy en día es utilizado por multitud de culturas ajenas al islam, por tanto es incorrecto afirmar que la media luna sea el equivalente islámico a la cruz del cristianismo.

¿Cuál es el origen de este símbolo? Su historia no es del todo clara. Según el arquéologo William Ridgeway su origen estaría en amuletos hechos con dos colmillos de animales (principalmente jabalíes) engarzados en forma de media luna, un tipo de ornamento característico de muchos pueblos del mundo, y que en principio no tendrían un significado astral, sino sólo mágico, como talismán para adquirir la fiereza del animal, o la suerte para poder cazarlo. Estos amuletos habrían influido también en la forma de las herraduras, que como se sabe son un amuleto -en forma de media luna- para muchas culturas diferentes. Según Ridgeway, sólo más tarde este símbolo habría convergido con interpretaciones lunares.

Chal de oración judío decorado con el creciente y la estrella

Chal de oración judío decorado con el creciente y la estrella

Sea como fuere lo cierto es que parecía inevitable que la luna, el astro más misterioso del firmamento, fuese adoptado como símbolo por numerosos pueblos y culturas. Su extraño ciclo mensual hizo que se la asociase con la muerte, pero también con la resurrección y la fecundidad. Las divinidades lunares podían ser masculinas (como Kaskuh para los hititas y Tsukuyomi para los antiguos japoneses) o femeninas (Artemisa-Diana en la civilización grecolatina, o Metztli en la mexica). Incluso el más moderno culto mariano se ha visto como una reminiscencia de los cultos lunares, y no faltan las representaciones de la Virgen junto a la media luna.

La Virgen de la media luna, grabado de Durero, inspirado en una obra anterior de Schongauer

Entre los chinos ya desde la dinastía Han era común la idea de que la luna se “escondía” todas las noches en una gruta o madriguera que estaba en el extremo occidental del mundo, donde dormía junto a los bárbaros que poblaban la zona (que no eran otros que los turcos).

Las primeras representaciones de la media luna acompañada de la estrella aparecen en la iconografía sumeria hace más de tres mil años. Se trata de una zona que, curiosamente, por la forma de media luna que presenta sobre el mapa, se denomina Creciente Fértil. Como ornamento (sin la estrella) aparece también mencionado en la Biblia (Jueces, 8:21-28). Posteriormente, el emblema del creciente y la estrella sería adoptado por el rey Mitrídates VI, que gobernó al norte de la actual Turquía entre los siglos II y I aC. y más tarde, a partir del reino de Kavad I (s.V), fue un motivo común en las monedas acuñadas por el imperio sasánida. De los sasánidas el símbolo pudo haber pasado a las artes figurativas islámicas (la primera aparición es en una moneda de Damasco en el año 695), donde aparece esporádicamente en mosaicos, colgantes, collares y otros elementos ya desde las épocas más tempranas, aunque, conviene subrayarlo, sin una relación especial con la religión.

Moneda göktürk del s.V – VI

Contemporánea al imperio sasánida (s.VI), y como primera atestación en el mundo túrquico, es una moneda del periodo göktürk, que fue hallada recientemente en Kirguistán y que presenta a un personaje rodeado de tres medias lunas y estrellas. Un hallazgo éste muy celebrado por los nacionalistas turcos, que han podido por fin conectar su emblema nacional con los antepasados turcos más remotos de que se tiene noticia.

Sin embargo ya antes de ese momento, muchos siglos antes de que ningún turco hubiese pisado la península Anatolia, el símbolo de la media luna y la estrella ya era venerado en el territorio de la actual Turquía, y no sólo por ser el emblema de Mitrídates VI, sino por un episodio acontecido en la ciudad de Bizancio, actual Estambul.

Cuenta la leyenda, recogida por Hesiquio de Mileto, que en el año 340 a.C. Filipo de Macedonia se disponía a lanzar un ataque sorpresa contra la ciudad, cuando la luna iluminó súbitamente a su ejército y desbarató sus planes. Los bizantinos agradecieron el gesto a la diosa lunar Hécate, cuyo símbolo, la media luna y la estrella, pasó a ser el símbolo de la ciudad.

Moneda de Trajano acuñada en Bizancio con el emblema del creciente y la estrella

Ya sea verídica o no esta historia, lo cierto es que el símbolo del creciente y la estrella aparece en multitud de representaciones bizantinas desde por lo menos el s. I aC., para sorpresa de quienes creen que se trata de un símbolo netamente turco o musulmán. Los cruzados lo adoptaron presumiblemente de los bizantinos (no de los sarracenos) y hoy todavía aparece en multitud de representaciones de la Europa cristiana: en lápidas, estandartes, monedas, escudos de armas, etc.

De hecho, según muchos estudiosos, también los otomanos tomaron este símbolo de los bizantinos, y lo incorporaron como uno más de los múltiples motivos de que se servían para sus artes decorativas. Un emblema más, que aparece sólo esporádicamente, y en contextos tanto civiles como religiosos: en la bandera de Selim I a principios del s.XVI, en una capa encargada por Murad III y en un manuscrito de oraciones de finales del mismo siglo, en los estandartes arrebatados por los cristianos en las batallas de Lepanto y en el sitio de Viena de 1683, etc.

El croissant ¿el Imperio Otomano para desayunar?

(Por cierto, que sobre este último episodio cuenta la leyenda que los reposteros vieneses, para celebrar su victoria sobre los otomanos, inventaron un bollo con la forma del emblema de sus enemigos: el croissant. Una historia tan empalagosa como falsa).

El símbolo de la media luna que aparece en todos estos estandartes y banderas era también uno más entre otros. Compartía espacio con soles, armas, lemas religiosos, y aparecía varias veces y sin una forma estandarizada. Incluso en una fecha tan tardía como 1793 una bandera hecha para Selim III carece de media luna y estrella.

Este uso asistemático del símbolo de la media luna por parte de los otomanos contrasta con las representaciones occidentales, donde aparece siempre como signo distintivo de los turcos y en general de los musulmanes; ya sea en las representaciones del sitio de Rodas, de la batalla de Lepanto, o de las ciudades bajo dominio otomano, siempre aparece la media luna como único símbolo turco o musulmán.

Victoria de los mongoles sobre los mamelucos, en un manuscrito francés del s.XIV

La más antigua de estas representaciones se remonta al siglo XIV y se refiere a los mamelucos, pero con el paso de los siglos se convierte en el estándar occidental para representar a los otomanos. De hecho un estudioso, A. Sakisian, afirma rotundamente que la generalización del creciente como símbolo de Turquía es obra de la iconografía occidental:

La representación de Turquía y el islam mediante la media luna es fruto en Occidente de una observación. Sin embargo lo que era una representación esporádica se generalizó, se sistematizó y acabó sugiriéndose como emblema nacional a la propia Turquía, que ha acabado por adoptarlo.

Astrónomos otomanos estudiando la luna en una miniatura del s.XVII

Cita un testimonio turco para apoyar su tesis. A principios del s. XVIII, Mehmed Effendi, embajador otomano en la corte del rey Luis XV al describir cómo durante una recepción se le presentaron unos fuegos artificiales con forma de media luna afirmaba un tanto desconcertado:

 […] los franceses designan a cada país con un emblema especial, y al parecer la luna es el emblema de nuestro sultán. Es por respeto hacia nosotros que han imitado esa forma.

Sea como fuere no es hasta finales del s. XVIII y principios del XIX cuando el Imperio Otomano adopta el emblema de la media luna y la estrella de manera más sistemática y regular. A raíz de la reforma en el ejército emprendida por Selim III, se convirtió en la nueva enseña del ejército y la marina otomanas, a imagen de las que tenían otros ejércitos europeos. Cuando el sultán fue destronado en 1807 se abolió, si bien volvió a restablecerse en 1827.

En 1844, en pleno periodo de reformas conocido como Tanzimat, se adoptó definitivamente el emblema como bandera del Imperio Otomano, y la República de Turquía surgida en 1923 mantuvo el símbolo y lo dotó de unas dimensiones estandarizadas mediante una ley de 1936.

Más tarde, el emblema, con ligeras variaciones sería incorporado a las banderas de otras repúblicas túrquicas, Azerbayán, Turkmenistán y Uzbekistán.

La bandera de la marina otomana desde 1793 (derecha), y la actual de la República de Turquía (izquierda).

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Bibliografía

– Bowtell, Charles. “Device of Star (or Sun) and Crescent.” The Gentleman’s Magazine, 1851.
– Ettinghausen, R. “Hilal” en The Encyclopaedia of Islam, new Edition, Brill, Leiden, 1986.
– Monreal Casamayor, Manuel. “De sermone heraldico IV: astros y meteoros.” Emblemata 10 (2004): 209-261
– Ridgeway, William. “The Origin of the Turkish Crescent.” The Journal of the Royal Anthropological Institute of Great Britain and Ireland 38 (July 1, 1908): 241-258.
– Sakisian, Arménag. “Le croissant comme emblème national religieux en Turquie.” Syria 22, no. 1 (1941): 66-80.
– Schindel, Nikolaus. “Sassanian Coinage” en Encyclopaedia Iranica, edición online, 2005.

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Las primeras mezquitas de Estambul

Se dice que Estambul es la ciudad con más mezquitas del mundo. Con sus más de tres mil templos compite en este aspecto con otras megaurbes como El Cairo, Teherán o Yakarta. Sin embargo no hay datos fiables al respecto. De hecho, según algunas fuentes, incluso la ciudad turca de Konya podría albergar más mezquitas que la propia Estambul. De todos modos es indudable que las mezquitas, y sobre todo sus atrevidos alminares, son uno de los elementos más característicos del paisaje estambuleño, y aunque mucha gente piensa que esto sólo ha sido así desde la conquista otomana en 1453, la historia de las mezquitas de Estambul se remonta a mucho antes en el tiempo.

Sitio árabe de 717 en la crónica de Constantino Manasés.

Según la leyenda tenemos que situarnos en el año 717. Los árabes, al mando de su jefe Maslama, se encontraban sitiando Constantinopla y decidieron edificar una mezquita, la primera de la ciudad. Dice la tradición que los sitiadores habían levantado este templo en el suburbio de Gálata, y hoy en día la existencia en la zona de una mezquita llamada Arap Camii (literalmente “mezquita árabe”) parece confirmar la leyenda. Incluso hasta hace poco se conservaba en esta mezquita un cáliz de marfil que se dice había pertenecido al gran Maslama.

Sin embargo poco hay de cierto en esta historia. En realidad la Arap Camii debe su nombre a la presencia en el barrio, desde finales del siglo XVI, de numerosos moriscos que huían de España tras la rebelión de las Alpujarras. Anteriormente había sido una iglesia católica bajo la advocación de San Pablo, y por tanto no es ni mucho menos el primer templo musulmán de Estambul.

La primera mezquita que hubo en suelo constantinopolitano, según los datos históricos que se tienen, debió de estar dentro del recinto del Gran Palacio, en concreto en la prisión del Praetorium. Pudo haberse consagrado como consecuencia de un tratado firmado en 860 entre el Imperio Bizantino y los sarracenos, y en principio no parece que fuese un edificio singular, sino más bien un espacio acondicionado para el rezo de los prisioneros musulmanes.

La primera mención a esta mezquita aparece en De Administrando Imperio, obra del emperador Constantino VII de mediados del s. X, que afirma

“[…] Maslama, quien encabezó una expedición contra Constantinopla, y a cuya petición se construyó la mezquita de los sarracenos en el Praetorium”

También aparece a mediados del s. X en un texto del geógrafo árabe Al-Muqaddasi, que menciona el mismo templo

“Se sabe que Maslama, mientras luchaba con los bizantinos, había puesto como condición que se construyese el Dar el-Balat  [la mezquita] cerca del hipódromo. Los nobles y gentes de alta alcurnia acudían al Dar-el Balat cuando eran hechos prisioneros de guerra, de modo que quedaban bajo la protección del emperador”

De manera que el primer templo musulmán de la ciudad, al que llaman Dar El-Balat, parece haber estado asociado a una comunidad, no muy estable, de prisioneros de guerra árabes. A medida que crecían los contactos entre Bizancio y los distintos estados musulmanes, la mezquita de Dar el-Balat fue adquiriendo una importancia y una significación internacional cada vez mayor, pasando de ser un simple lugar acondicionado para el rezo, a convertirse en un auténtico monumento, enriquecido por las donaciones que llevaban los embajadores musulmanes, y al que ya desde el s.XI los árabes se referían como masjid-i Qustantiniyya, “la mezquita de Constantinopla”.

Escena de la corte selyúcida. Muchos notables selyúcidas, como Tughril Beg, enriquecieron la mezquita de Constantinopla con sus donaciones

La protección y el respeto que las autoridades brindaban a este espacio musulmán dentro de la ciudad, tenía también como objeto conseguir que se dispensase el mismo trato a los monumentos y comunidades cristianas que habían quedado bajo dominio sarraceno, sobre todo la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, y la comunidad ortodoxa de Egipto.

Y si la primera mezquita de Constantinopla se creó para dar servicio a los prisioneros de guerra, la segunda sería para los mercaderes. Se trataba de un espacio al que las fuentes contemporáneas denominan el “mitaton” sirio; una palabra que al parecer designaba una suerte de almacén donde los comerciantes sirios disponían y conservaban sus mercancías. A este espacio se asoció enseguida un lugar de culto, y presumiblemente un pequeño barrio que hacía de residencia para los árabes de la ciudad.

De modo que durante al menos un siglo y medio, convivieron en Constantinopla dos mezquitas: la del recinto palaciego, denominada Dar el-Balat, que fue adquiriendo cada vez mayor carácter oficial hasta erigirse como la mezquita de la ciudad por antonomasia; y la de los mercaderes sirios, el Mitaton, que se encontraba en algún lugar indeterminado a orillas del Cuerno de Oro. Desgraciadamente no sabemos qué aspecto tenía ninguna de las dos.

El historiador Nicetas Choniates

Ambas mezquitas fueron destruidas en los disturbios que precedieron a la ocupación de la ciudad por parte de los caballeros de la Cuarta Cruzada. En 1201 una turba redujo a cenizas la mezquita de Dar el-Balat, así como el resto del complejo penitenciario palaciego. Según el historiador bizantino Nicetas Choniates la mezquita fue quemada accidentalmente en el marco de una revuelta contra la corrupción imperial, por lo que no parece que mediase ningún tipo de sentimiento antimusulmán.

Más tarde, en 1203, una partida de cruzados flamencos y francos saqueó espada en mano la otra mezquita, la del Mitaton, pensando que en ella hallarían grandes tesoros. Choniates cuenta que la población bizantina acudió en defensa de los musulmanes aunque lamenta que “no en tan grande número como debían”. Los cruzados, viéndose atrapados, prendieron fuego a la mezquita para cubrir su retirada.

El saqueo de Constantinopla en la Cuarta Cruzada. Miniatura del s.XV

Resulta curioso que los cronistas cruzados, como Geoffrey de Villehardouin no mencionan para nada la mezquita cuando relatan este incidente, lo cual hace pensar que no se trataba de un edificio monumental que se distinguiese del resto de la trama urbana.

La siguiente mezquita de que se tiene constancia, la tercera en la historia de la ciudad, aparece mencionada en un documento escrito hacia 1261 en el que se hace referencia una mezquita “recién construida” por el emperador Miguel VIII. Sería esta la primera mezquita de la ciudad construida con tal propósito, ya que las otras dos anteriores habían surgido como acondicionamiento de un espacio previo. Se desconoce la ubicación de esta tercera mezquita, pero se sabe que estaba en algún lugar del sector occidental.

Esta mezquita coincidió con un nuevo florecimiento de la colonia de mercaderes musulmanes de la ciudad, que llegaron a crear un barrio importante alrededor del templo. Uno de ellos, un tal Abdallah ibn Muhammad, que vivió en Constantinopla entre 1281 y 1293, afirmaba, de manera un tanto exagerada, que el barrio musulmán de Constantinopla era enorme, casi dos tercios la ciudad de Damasco, y que estaba rodeado de un imponente muro.

Ya en el s. XIV, aparecería la primera colonia estable de turcos en la ciudad de Constantinopla, pero a ella le dedicaremos otra entrada del blog. Baste decir, por ahora, que también contaron con su mezquita propia por lo menos desde finales del s.XIV.

Tras la conquista de 1453

En vísperas de la conquista en 1453 es posible que existieran varias mezquitas en lo que hoy es Estambul: en primer lugar la de la colonia turca intra muros que ya hemos mencionado (lo que no sabemos es con qué vitalidad), tal vez otra en el suburbio de Kadiköy, en la parte asiática, y casi sin ninguna duda otra en en el recinto de la fortaleza Rumelia, desde donde los otomanos preparaban su asalto a la ciudad.

Grabado del s.XVII de Sta. Sofía obra de Grelot, uno de los primeros cristianos que pudo entrar en el templo tras su conversión en mezquita

Cuando los turcos entraron finalmente en la ciudad fue Santa Sofía la primera iglesia en ser consagrada como mezquita. Una leyenda recogida en el s. XVII por el viajero otomano Evliya Çelebi afirma que antes de la conquista un violento terremoto había hecho peligrar la cúpula de la basílica. El sultán Mehmed ordenó entonces al anciano arquitecto Ali Nejjar acudir en ayuda de los bizantinos para reparar la cúpula de su iglesia. El anciano no sólo cumplió lo encomendado, sino que secretamente puso los cimientos para que se erigiese un minarete, sentando así las bases de la dominación turca de la ciudad. Esta leyenda, que no es más que eso, pone de manifiesto sin embargo la importancia simbólica que debió de tener el primer minarete en la nueva gran mezquita, no sólo como altura desde la que llamar al rezo, sino también como aviso a las naves que provenían del mar de Mármara de que la ciudad ya estaba bajo dominio turco.

Tras Santa Sofía muchas más iglesias fueron transformadas en mezquitas, como las de San Sergio y San Baco (Küçük Aya Sofya), San Salvador en Chora (Kariye), Theotokos Pammakaristos (Fehtiye), Theotokos Kyriotissa (Kalenderhane), Santa Teodosia (Gül) y tantas otras, gran parte de las cuales siguen en funcionamiento actualmente.

La primera mezquita construida ex novo tras la conquista fue la de Eyüp, en 1458, en el suburbio homónimo, cerca del lugar donde según la leyenda se encontraba la tumba del adalid de Mahoma, Abu Ayyub (Eyüp Sultan, en turco), fallecido durante el primer sitio árabe de Constantinopla en 670.

Mezquita Eyüp en una postal de principios del siglo XX.

El recuerdo de esta sagrada sepultura habría perdurado durante ochocientos años entre los musulmanes que residían o visitaban la ciudad. El viajero persa Al Harawi la menciona a finales del s.XII e indica que inspiraba piedad incluso entre los cristianos bizantinos, que acudían a ella para honrarla y hacer rogativas. Hoy día la mezquita de Eyüp sigue siendo uno de los lugares de peregrinación más importantes de la ciudad.

Y la primera mezquita edificada intra muros tras la conquista es la célebre Fatih Camii (mezquita del Conquistador) que Mehmed II ordenó construir diez años después de la toma de la ciudad en el emplazamiento de la antigua iglesia de los Santos Apóstoles, panteón de los emperadores bizantinos. Se trata de uno de los lugares más nobles de la ciudad, sobre la cuarta colina. La mezquita fue totalmente destruida en el terremoto de 1766, y en su lugar se construyó una nueva, una de las más características del skyline de la ciudad.

Bibliografía

– Anderson, Glaire D. “Islamic Spaces and Diplomacy in Constantinople (Tenth to Thirteenth Centuries C.E.).” Medieval Encounters 15, no. 1 (2009): 86-113.
– Emerson, William, and Robert L. van Nice. “Hagia Sophia and the First Minaret Erected after the Conquest of Constantinople.” American Journal of Archaeology 54, no. 1 (January 1, 1950): 28-40.
– Eyice, Semavi. “Description d’Istanbul avant la conquête selon certains écrivains islamiques.” Recherches d’Istanbul, N° :2, Page 7, n.d.
– Hasluck, F. W. “The Mosques of the Arabs in Constantinople.” The Annual of the British School at Athens 22 (January 1, 1916): 157-174.
– Marín, Manuela. “Constantinopla en los geógrafos árabes.” Artículo, 1988. http://digital.csic.es/handle/10261/18331.
– Necipoglu, Nevra. Byzantium between the Ottomans and the Latins: Politics and Society in the Late Empire. 1st ed. Cambridge University Press, 2009.
– Reinert, Stephen W. “The Muslim Presence in Constantinople, 9th – 15th centuries: Some Preliminary Observations” en Ahrweiler, Hélène, and Angeliki E. Laiou. Studies on the internal diaspora of the Byzantine Empire. Dumbarton Oaks, 1998.
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Los caraítas

Dentro del mundo túrquico sin duda uno de los grupos más sorprendentes y enigmáticos son los caraítas o karaim. Se trata de un grupo étnico repartido en pequeñas comunidades a lo largo y ancho del mundo cuya identidad colectiva se fundamenta en su fe religiosa. Efectivamente el caraísmo es una rama del judaísmo, que a grandes rasgos se basa en el valor preponderante que conceden a las Escrituras (el Tanaj o Antiguo Testamento), frente a la corriente mayoritaria del judaísmo, la rabínica, que incorpora los preceptos del Talmud, la tradición oral.

Kenesa caraíta de Vilnius

De hecho, la palabra “caraíta” proviene del verbo qara ‘leer’ (de la misma raíz semítica de la que deriva la palabra “Corán”), es decir, ya el propio etnónimo es un reconocimiento de la autoridad de la Ley Escrita. Los templos donde se reúnen los caraítas no se denominan sinagogas, sino “kenesas”.

Todo esto no tendría mucho interés en un blog como este, si no fuera porque una buena parte de quienes profesan esta fe hablan una lengua túrquica: el caraíta, o karaim. Sus asentamientos tradicionales están en la península de Crimea, en Lituania y en Polonia.

No se sabe en qué momento se produjo la turquización de los caraítas, de hecho su origen mismo es bastante oscuro. Básicamente lo que no se ha logrado saber es si los actuales caraítas son descendientes de judíos que adoptaron la lengua turca o descendientes de turcos que adoptaron la religión judía. Los propios caraítas se reclaman herederos del reino jázaro, un reino túrquico medieval radicado en las estepas del norte del Cáucaso cuyos gobernantes se convirtieron al judaísmo presumiblemente en algún momento entre los siglos VIII y IX. Como rasgo significativo de su antigua turquicidad baste recordar que entre ellos es frecuente llamar a Dios con el nombre túrquico de Tengri o Tanrı, en lugar del más común Yahvé.

Moneda conmemorativa de los 600 años de presencia caraíta en Lituania

Sabemos que ya en el s.XIII los caraítas formaban una comunidad de cierta importancia en la península de Crimea, a orillas del mar Negro. Uno de sus centros principales en época medieval era Çufut Kale (literalmente “fortaleza judía”).

En 1397, en el transcurso de su guerra en Crimea, el gran duque Vitautas (el mismo que encargó el primer plano de Constantinopla), invitó a 483 familias caraítas a instalarse en Lituania, en concreto en una zona a lo largo de la frontera de su dominio con el de los Caballeros Teutones. Era una franja estratégica que el gran duque pretendía repoblar como colchón defensivo frente a sus enemigos germánicos, y aún hoy viven en ella comunidades caraítas.

Los caraítas de Ucrania, Polonia y Lituania se han dedicado tradicionalmente a la agricultura y la ganadería, a la trata de caballos, y en ocasiones especiales, debido a su dominio de la lengua turca, eran encargados de llevar a cabo el pago de rescates para liberar a prisioneros en manos otomanas.

En los siglos XVI y XVII los caraítas despertaron la curiosidad de numerosos teólogos protestantes, quienes se veían en cierto modo reflejados en su concepción del judaísmo, enfrentada a una tradición rabínica en la que percibían analogías con la Iglesia Católica.

En el s.XVIII numerosas comunidades caraítas comenzaron a distanciarse públicamente de sus orígenes judíos, sobre todo tras la conquista rusa de Crimea. Fundamentalmente trataban de impedir que se les aplicase la legislación restrictiva que en materia de propiedad e impuestos imperaba sobre los súbditos judíos. Alegaban que sus ancestros llevaban en Crimea desde el s.VI, donde habían sido enviados tras la conquista de Israel por parte del rey Senaquerib de Asiria. También alegaban que no se encontraban en Palestina en el momento de la crucifixión de Jesús. La administración rusa transigió con sus peticiones y desde 1795 los caraítas de Crimea dejaron de ser judíos a efectos legales.

Notitia Karaeorum, importante obra del s.XVIII sobre los caraítas

Durante la Segunda Guerra Mundial los caraítas fueron excluidos de la política nazi de exterminio de los judíos. Los nazis no los veían como hebreos, sino como un pueblo túrquico más, similares a los tártaros, de modo que fueron objeto del mismo trato que otras poblaciones no eslavas de la Unión Soviética, a quienes al final de la guerra los nazis trataban de volver en contra de la mayoría rusa.

Desgraciadamente se ha sabido que en 1944 había un número nada desdeñable de caraítas sirviendo en la Wehrmacht y en las Waffen-SS, de modo que se confirma la trágica paradoja que supone la existencia de judíos combatiendo codo a codo con los nazis.

Hoy, en el siglo XXI, perviven poblaciones caraítas no sólo en Crimea, sino también en localidades que actualmente pertenecen a Lituania, Polonia y Ucrania, es decir, los descendientes de las 483 familias invitadas por el duque Vitautas. Entre estas, las comunidades más importantes se encuentran en Halych (Ucrania) y sobre todo en Trakai (Lituania), donde existe un barrio caraíta, una kenesa muy bien conservada y un museo sobre el pueblo karaim. Las casas del barrio caraíta tienen una arquitectura muy particular, con tres ventanas en la fachada que da a la calle, que según la tradición corresponden, respectivamente, a Dios, a la familia que vive en esa casa, y al gran duque Vitautas.

Barrio caraíta en Trakai

El respeto por la comunidad es tal que cuando dos personas se cruzan en la calle del barrio caraíta, es costumbre saludarse en caraíta, aunque ninguno de los dos sea hablante de la lengua.

Si bien su número es extremadamente reducido (la población más importante, la lituana, no llega a 400 personas) los caraítas han mantenido su lengua túrquica a lo largo de los siglos, en parte gracias a su uso en la liturgia.

De hecho al parecer ya hubo traducciones de la Biblia a su lengua en el s.X, textos que se han ido transmitiendo de generación en generación, y gracias a los cuales la lengua caraíta  presenta muchos rasgos arcaicos, algo similar a lo que sucede con el ladino de los sefarditas o el yiddish. Según muchos estudiosos, la actual lengua caraíta, que será objeto de una entrada en este blog, es básicamente la misma que la que se puede leer en el Codex Cumanicus, un texto túrquico para uso de misioneros católicos cuya composición se remonta al s.XIII.

Interior de una kenesa en Eupatoria, Crimea

Aparte de sus asentamientos tradicionales en Crimea y Lituania, ha habido comunidades caraítas esparcidas por numerosos lugares de todo el mundo: Kiev, Moscú, Varsovia, París, Berlín, Jerusalén, El Cairo, Estados Unidos, incluso en España hay atestiguada la presencia de caraítas en el s.XII, aunque sospecho que no se trataba de caraítas de lengua túrquica.

Los caraítas de Estambul

Los primeros caraítas pudieron haber llegado como misioneros a la antigua Constantinopla alrededor del s.X. De hecho, paradójicamente, su lengua litúrgica tradicional no era el caraíta, sino el griego. En el s.XII Benjamín de Tudela cuenta unos 500 caraítas en la ciudad, frente a unos 2000 rabinitas, todos ellos instalados en Pera, y antes de 1453 se estima en siete el número de kenesas en la ciudad. Con la conquista de la ciudad por parte de los turcos numerosos caraítas de la vecina ciudad de Edirne emigraron a la nueva capital, lo que fue el comienzo de una nueva edad dorada para la comunidad. En esa época sobresale la figura del humanista Caleb Afendopolo, un intelectual considerado un mediador entre la comunidad caraíta y la sefardita.

El lugar de asentamiento tradicional de los caraítas, por lo menos en los últimos siglos, es el barrio de Hasköy, donde había también una importante comunidad de judíos sefarditas. En este barrio, próxima a varias sinagogas, se encuentra la única kenesa de la ciudad que sigue en pie. Se trata de un edificio muy humilde, construido en fecha desconocida. Fue restaurada en 1536, pero ardió totalmente en un incendio en 1774 y no volvió a ser reconstruida hasta el s.XIX. En 1908 un nuevo incendio supuso la marcha de la mayor parte de las familias caraítas del barrio.

Antiguamente también había habido comunidades y kenesas caraítas en otras partes de la ciudad: en los barrios de Fener, de Balat y Eminönü, en los terrenos que desde 1597 ocupa la Mezquita Nueva, así como en la parte baja de Gálata, en un barrio conocido como Karaköy, cuyo nombre puede provenir de los propios caraítas (“karayköy”, villa de los caraítas).

Los caraítas de la ciudad se dedicaban tradicionalmente a dos oficios: el comercio de tabaco y la joyería de perlas. Sus lazos con el resto de comunidades caraítas repartidas por el mundo eran estrechos. Durante mucho tiempo Estambul se convirtió en parada obligatoria en las peregrinaciones a Jerusalén y los caraítas locales acogían en sus casas a los peregrinos extranjeros. Muchos de ellos, como Samuel David Bar en el s.XVII, dejaron por escrito vívidas descripciones de la vida de la comunidad.

La comunidad más próxima a Estambul, física y también espiritualmente, era la de Crimea. En no pocas ocasiones muchas familias acudían a Crimea en busca de jóvenes casaderas, que acababan llevando savia nueva a la pequeña comunidad del Bósforo. Los contactos se intensificaron en la Primera Guerra Mundial, cuando muchos caraítas emigraron a Estambul, donde acabaron instalándose definitivamente.

Kenesa de Hasköy en Estambul

Ya en 1955, el intelectual caraíta Simon Szyszman (Simon Şişman) visitó la comunidad caraíta de Estambul y constató, entristecido, su descomposición. Tuvo noticia de varios cementerios caraítas abandonados en la ciudad y alrededores, uno de ellos en Küçükçekmece, antigua localidad, hoy barrio de la ciudad, donde antaño había habido una comunidad caraíta. También conoció los estragos que había causado el incendio de 1908, la pérdida de manuscritos iluminados, de documentos de valor incalculable, de títulos de propiedad y otros tesoros. Concluía con pesar que

No es una exageración decir que desde el punto de vista cultural, la comunidad [caraita] de Estambul es completamente estéril. […]Miserable heredera del otrora brillante grupo de caraítas de Asia Menor y los Balcanes, hoy está muerta espiritualmente.

Sesenta años más tarde, las estimaciones más favorables cifran en menos de cien el número de caraítas de Estambul, entre los cuales la persona más joven ronda los cincuenta años. Con todo, la pequeña kenesa de Hasköy se sigue abriendo en algunas fechas señaladas, y aunque sea de forma testimonial, continúan los contactos con otras comunidades repartidas por el mundo. Es de esperar que algún día las autoridades de Estambul rindan homenaje, acaso en forma de museo, a esta antiquísima y humilde congregación que durante tantos siglos aportó un color más al ya de por sí polícromo paisaje religioso de la ciudad.

Bibliografía

– Arık, Durmuş. «Türklerde Yahudilik ve İstanbul Karayları». 7. Uluslararası Türk Kültürü Kongresi Bildirileri vol 1. Atatürk Kültür Merkezi, 2011.
– Çulha, Tülay. «İstanbul Karaim Cemaati». 7. Uluslararası Türk Kültürü Kongresi Bildirileri vol 1. Atatürk Kültür Merkezi, 2011.
– Green, Warren. «The Fate of the Crimean Jewish Communities: Ashkenazim, Krimchaks and Karaites». Jewish Social Studies. Vol. 46, No. 2, pp. 169-176. Indiana University Press, 1984.
– Kizilov, Mikhail. «The» Karaites of Galicia: An Ethnoreligious Minority Among the Ashkenazim, the Turks, and the Slavs, 1772-1945. BRILL, 2009.
– Stolz, Thomas, y Éva Ágnes Csató. Minor Languages of Europe: A Series of Lectures at the University of Bremen, April-July 2000. N. Brockmeyer, 2001.
– Szyszman, S. «Communaute karaite d’istamboul». Vetus Testamentum 6, n.o 3 (julio de 1956): 309. doi:10.2307/1515802.
– Zajączkowski, Ananiasz. Karaims in Poland: History, Language, Folklore, Science. Państwowe Wydawn. Naukowe, 1961.

Más información

karaim.eu     – excelente sitio de los caraítas de Lituania.

karaimi.org   – sitio de los caraítas de Polonia.

karai.crimea.ua  – sitio de los caraítas de Crimea.

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Estudiar turco en España

Espero poder ir actualizando esta entrada a medida que vaya teniendo noticia de más cursos para aprender turco en España.

Por ahora no abundan los lugares donde estudiar turco en nuestro país. En la Universidad el estudio de la lengua turca ha estado tradicionalmente asociado a la carrera de Filología Árabe y Estudios Islámicos, y sólo ocasionalmente a la de Traducción e Interpretación. El centro pionero en España fue la Universidad Autónoma de Madrid, que empezó a ofertar la asignatura de lengua y civilización turca en 1974. Actualmente tengo noticia de cursos de turco en las siguientes universidades

Universidad Autónoma de Madrid: en la licenciatura de Filología Árabe, a punto de extinguirse, el turco se ofrece como tercera lengua en tres asignaturas semestrales (Turco I, II y III) de tercer y cuarto cursos. En el nuevo Grado en Estudios de Asia y África el turco se ofrece como segunda lengua en cuarto curso para todos los itinerarios. Existen dos asignaturas de lengua (Turco I y II) y una tercera denominada “Política y sociedad de la segunda lengua. Turco”, todas ellas semestrales. Como se trata de un grado recién implantado, estas asignaturas sólo se impartirán a partir del curso 2012-13. También figura el turco como segunda lengua optativa en el Grado en Estudios Ingleses, como tercera lengua en el Grado en Lenguas Modernas, Cultura y Comunicación, y como lengua D en el Grado de Traducción e Interpretación. Los cursos los imparte el profesor Fernando García Burillo, a quien, entre otros muchos trabajos, debemos unas magníficas traducciones de la obra del poeta turco Nâzım Hikmet.

Universidad Complutense de Madrid: en la antigua Licenciatura en Filología Árabe existían desde 1997 dos asignaturas optativas semestrales de lengua turca. En el actual Grado en Estudios Semíticos e Islámicos son dos asignaturas semestrales en tercer curso, Turco I y II, presentadas en el plan de estudios como “lengua específica” a elegir entre turco y persa. En cuarto curso hay una asignatura denominada “Lengua Turca a través de los textos literarios”. Los cursos corren a cargo de la hispanista turca Gülışık Alkaç Morera, ex catedrática de la Universidad de Estambul, quien además organiza semanalmente actividades académicas abiertas al alumnado, con proyección de documentales, lectura de textos, música, etc. sobre la sociedad, historia y cultura turcas.

Fuera de los estudios reglados, el Centro Superior de Idiomas Modernos dependiente de la propia Universidad Complutense ofrece tres cursos de turco de nivel inicial (A1 y A2) para el público en general.

Universidad del País Vasco: el Grado en Traducción e Interpretación ofrece tres asignaturas de lengua turca como lengua D: Lengua Turca I, II y III.

– La Universidad de Barcelona no ofrece ningún curso de turco en el marco de los estudios reglados, pero es posible estudiarlo en el Institut del Pròxim Antic Orient, adscrito a la propia universidad. En concreto se ofertan cuatro niveles para el público en general.

– También la Universidad de Alicante ofertó durante un tiempo cursos de lengua turca en el marco de su Licenciatura en Traducción e Interpretación, pero creo que ya no se imparten.

Por lo que respecta a academias y centros privados he visto bastantes ofertas en internet, pero me temo que muchas de ellas son academias “fantasma”. Uno de los que tengo referencias de que por lo menos existe realmente es el centro Vision Lingua, en Madrid, que ofrece cursos organizados por la asociación hispano-turca AHIT.

Hace unos años la Fundación Sur impartió cursos de turco y de azerí en el Colegio Mayor Nuestra Señora de África, en Madrid, pero no me consta que hayan repetido la experiencia. Por cierto, también la Universidad de Vigo organizó un curso de lengua azerí en el año 2009.

– En Barcelona la academia Llengües del Món oferta formalmente cursos de turco, aunque no tengo más información al respecto. También en Barcelona el centro de idiomas orientales Clic Asia ofrece clases de turco impartidas por la profesora Ilayda Kukul, turca nativa.

– En Málaga, el Centro de Cultura Asiática oferta un curso de turco con profesorado nativo en su centro de la Avenida de Andalucía 27, por el momento sólo de nivel básico.

Por ahora esto es todo.

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